26 enero 2016

Cada uno cuenta la crisis a su manera

Cada uno cuenta la crisis según le va en ella. En el ring de la recesión hay quien tira la toalla en el primer round; quien ataca al contrincante con imprudencia temeraria y también los que recurren al juego de piernas y cintura para evitar los golpes.

Personas estas últimas con capacidad de adaptación a las cambiantes circunstancias. Las que tienen más papeletas para sobrevivir. Un ejemplo que hay que tener en cuenta es el de Toni López, empresario valenciano de 38 años que, tras sucumbir con el estallido de la burbuja inmobiliaria, está en vías de crear un auténtico emporio de la hostelería.

Estudié Derecho y me especialicé en negocios marítimos e intermediación financiera, y en 1999, monté Hipoteca Fácil una consultoría para asesorar a la gente para que sepa financiarse, cuenta López.

El proyecto obtuvo tanto éxito en los años de vacas gordas que llegó a tener una red de 25 oficinas por toda España en sistema de franquicia, con tres personas por sede. Sólo dos de ellas han logrado sobrevivir al tsunami de la crisis. López emprendió otros proyectos también afectados por la recesión. El primero, Habitat Fácil Inmobiliaria para proporcionar financiación más vivienda, y el segundo, mucho más exótico. Me fui con mi padre al Senegal para dedicarnos a la construcción, cuenta, pero nos pilló de lleno el cerrojazo de los bancos y tuvimos que volver, aunque todavía tenemos allí una oficina.

Esta serie de fracasos no lograron amilanar a un emprendedor nato que optó sabiamente por el sector servicios. El local Gandhara, que funciona hace seis años en la playa de la Malvarrosa, fue su primer negocio del ocio, pero han venido más. Su mayor éxito un after work, The Black Premium, en la calle Russafa, abierto hace diez meses, al que próximamente se añadirán dos más en franquicia.

La clave está en la innovación a la hora de servir las copas, poner precios asequibles y buscar emplazamientos con mucha rotación, señala López. Así, a base de poquito se hace mucho.

Siete personas trabajan en el local de Russafa, abierto de ocho a dos de la madrugada en el que se sirven todo tipos de almuerzos, comidas y cenas, además de 20 tipos de cerveza y gin tónics especiales con sabores a fresa, uva o hierbabuena. Nuestros clientes son ejecutivos que trabajan en el centro o compradores de paso. El Tartar de atún con leche de aguacate y las tapas de calidad son algunos de los platos preferidos. Decorada por Rubén Fuente en un estilo inglés muy moderno, The Black Premium ha dado en la diana.

López montó el bar de la Asociación de Veteranos de Fútbol y gestiona también otro local de ocio, el pub Dejavú en la calle Sueca. Además, forma sociedad con su madre, Ángeles Beltrán, nutricionista, en un centro de belleza en La Eliana.

19 enero 2016

Rosa María Mateo es por fin libre

"No quiero volver a la rutina de la tele-visión. Mi última etapa fue muy dura. Además, me daría muchísima pereza enfrentarme de nuevo al espejo. Yo, ahora, soy libre". Rosa María Mateo, voz e imagen de referencia de los informativos de televisión, musa de la democracia al ponerle voz al manifiesto contra el Golpe del 23-F, no quiere abandonar la tranquilidad que se ha impuesto como premio a una vida de trabajo. Lleva tiempo "desconectada" de la urbe, pero no de lo que ha sido su herramienta profesional: las noticias.

Impresionan sus ojos azules mutantes. "En verano y en el mar son de un color y en invierno, de otro; entre otras cosas, porque yo tampoco soy la misma por dentro. No me gusta esa estación". Esta burgalesa criada en Valencia necesita la luz y el sol para vivir. "Mis primeros recuerdos son del Mediterráneo. Me reconozco en la canción de Serrat. Me emociona". Pero a la vez, se considera de ninguna parte. "Tengo suerte porque no me siento de un lugar concreto. Me siento bien en todas partes". Recapacita unos segundos y profundiza: "Como en casa me siento nada más que en Levante y en el norte de España".

Ha conquistado el silencio, su propio tiempo, su soledad… "Huyo de la muchedumbre. En esta fase de mi vida necesito mucho espacio porque, si no, me ahogo. Además, soy bastante solitaria". No le tiene miedo a la soledad, pero sí respeto. "Leo, pienso, cuido mi jardín, mis plantas...".

-¿Le asaltan monstruos del pasado?

-No tengo ninguno. He aprendido a convivir bien conmigo misma.

La mujer que ha vivido de contar a millones de espectadores lo que pasaba en España y en el mundo, ahora puede estar días sin hablar con nadie. "Pero charlo con mi perro Kevin, con los árboles, con las cazuelas… Además, aunque esté callada, en el fondo estoy hablando. Tengo un diálogo permanente conmigo misma".

Reconoce que se está convirtiendo en un lobo solitario, lo que no significa que no le guste estar con la gente que quiere, "pero de pocos en pocos". Reflexiona en voz alta: "Hasta conduciendo, tampoco puedo ver coches delante. Me estoy dando cuenta de que me agobio con todo". Se echa a reír.

"He sido muy urbanita. Las grandes ciudades me fascinan; Nueva York, Londres, París, Madrid, pero hay algo que me ha hecho cambiar al venirme -hace 10 años- a vivir al campo. El espacio verde, oír a los pájaros… se está apoderando de mí de tal forma que no puedo con las multitudes".

El cambio no tiene que ver con el hecho de que sea reconocida allá donde vaya: "No, porque aprendí hace muchos años a ir en mi burbuja. Además, aunque me conozca la gente, nunca me he sentido famosa. Al principio, cuando me miraban, imaginaba que era porque debía de llevar la media rota. No me acordaba de que salía por televisión". Durante estos años, ha agradecido profundamente el cariño de las personas, "tienen un sentimiento bueno hacia mí que percibo". Pero necesita su espacio: "No podría ser persona y a la vez famosa, porque me convertiría en otra cosa. Para mí, lo importante es ser persona y ser fiel a uno mismo, con tu espejo, con tu vida y con tus sentimientos".

Cuando llegó a la televisión después de estudiar Derecho y de aprobar una oposición -soñaba con "ser independiente y dejar de pedir dinero en casa"-, la pusieron a hablar frente a una cámara. Se le acercó un realizador y le dijo: "Por mí, daría por terminada esta prueba". Acababa de descubrir a Rosa María Mateo.

Así entró en un mundo donde casi no había mujeres: "Me sentía poca cosa y pensaba que todos los que estaban allí sabían más que yo. Fui aprendiendo muy despacio. Además, he sido poco ambiciosa". Dice que hacía su trabajo lo mejor que sabía y que sólo se enfadaba si le parecía que el informativo del día tenía poco interés. "Lo que me preocupaba era vender bien las noticias". Enseguida, cogió la técnica y llegó a tener tanta facilidad que "era capaz de leer tres líneas a la vez", y parecía que lo decía de memoria.

Hoy sigue pendiente de las noticias, aunque con menos intensidad que antes. "Si el sumario me echa para atrás, ya no veo el informativo". Siempre ha sido una mujer comprometida, aunque "no he querido pertenecer a ningún partido político. Fui de Comisiones Obreras, pero me borré enseguida para ser libre. No he tenido lobby detrás, ni perrito que me ladrase. No se era tan sectario como ahora, que estás conmigo o contra mí". No entiende cómo ha logrado sobrevivir "en ese mundo durante tantos años".

-¿Tuvo algún problema presentando el telediario en vida de Franco?

-No, pero pensé que lo iba a tener cuando se produjo el atentado de la calle del Correo [12 personas murieron en la explosión de una bomba en una cafetería de Madrid]. Aquel día hice el telediario prácticamente llorando. Tengo que decir que he vivido momentos muy duros. Sobre todo, con los asesinatos de ETA.

Dos de los catedráticos con los que estudió Derecho, Manuel Broseta y Francisco Tomás y Valiente, fueron asesinados por la banda terrorista. "Fue terrible y me afectó mucho. Vivimos una época muy dura". Alguna vez, presentando el telediario, vio cómo el estudio se llenaba de guardias civiles buscando una bomba. Ella les animó a seguir la búsqueda y continuó con su informativo.

Recuerda especialmente el 23-F. Se encontraba en control para seguir las votaciones del Congreso en la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, cuando vio el golpe de Estado. "Estábamos todos desconcertados. No me fui de televisión hasta que no salieron todos los diputados del Congreso". Su obsesión era localizar a su único hijo, Germán, que tenía 11 años. "Al final, lo encontré en casa de un amigo. Esa noche pensé que a lo mejor no lo vería nunca más. La verdad es que no teníamos ni idea de lo que podía pasar. Recordábamos la historia de Chile o de Argentina". Fue clave el mensaje del Rey: "En ese momento, todos nos quedamos muy tranquilos".

Rosa María fue madre muy joven. "No pensaba en tener una carrera, sino en sacar adelante a mi hijo. Desde que nació, todo lo que hacía era por él". Aún recuerda el susto que se llevó cuando con nueve meses le subió la fiebre tanto que se quedó con los ojos en blanco. "Creí que se había muerto. Desde ese momento, más importante que la televisión y más importante que nada, era mi hijo".

Siente con él una conexión especial, sobre todo desde que se separaron. "Los dos somos independientes. Él tiene su chica y su vida. Pero siempre que le veo es como si algo me apretara en las vísceras". Está convencida de que el amor de hijo y de madre son distintos. "Cuando murió mi madre, sentí como si me cortaran el cordón umbilical y pensé: 'Ahora sí que estoy sola en la vida'. Estaba convencida de que, a su lado, nunca me podía pasar nada". Cuando habla de su madre, todo son elogios y añoranza: la echa de menos. "Todavía hablo con ella, en esos diálogos que tengo. Me hubiera gustado haberle devuelto todo lo que hizo por mi hermano Javier y por mí, pero murió muy joven".

De memoria prodigiosa, es capaz de acordarse de su primera gran frustración. No fue trabajando, sino muchos años antes. "Tendría 5 años cuando iba a hacer de Santa Teresita del Niño Jesús y por unas anginas me quedé en casa". Antes de aquello, con 3 años, aprendió a leer preguntando a su padre las letras que veía en el periódico. "Desde ese momento, lo que más me ha gustado en el mundo ha sido leer". Así, es capaz de "seguir en diagonal los libros que me interesan poco y, de forma tradicional, los interesantes".

En mitad de la entrevista, aparece, con el periódico bajo el brazo, el actor Miguel Rellán, con quien convive desde hace 10 años. Aprovecho su llegada para preguntarle sobre su relación con los hombres.

-¿Se ha dejado querer?

-Por supuesto, pero soy un ser libre. No puedo estar atada, ni tampoco me gusta atar a los demás.

Asegura que enamorarse a los 60 no es lo mismo que cuando se tienen 20 años. Conoció a Miguel en la cafetería de Televisión Española. "El primer día que quedamos nos caímos como una patada. Pero, tres años después, nos reencontramos y nos entendimos mejor". De todas formas, asegura que es "un desastre", porque nunca se entera de cuándo le gusta a un señor.

"Miguel y yo tenemos puntos de vista distintos sobre lo que vemos en teatro o en cine". Pero nunca discuten: "Después de un enfrentamiento, me puedo poner enferma todo un día". La periodista reconoce que le cuesta amoldarse a los demás. "Sé muy bien lo que quiero y me gusta ir a mi aire". Por ejemplo, ella detesta trasnochar y a Miguel le encanta. Por eso, dice que el secreto está en negociar. "En la convivencia hay que llegar a pactos".

Se define a sí misma como amiga de sus amigas, "y eso que de niña y de joven, las mujeres me aburrían mucho. Eso de jugar a cocinitas o de sentarme a ver pasar chicos, me daba pereza". Tampoco le ha gustado ir a bailar. "Prefería las canicas, el balón… Hasta que me hice mayor, el mundo de los chicos me parecía más apasionante".

A Rosa María, la vida se le desbarajusta continuamente, impidiéndole hacer las cosas que quiere, aunque ahora ha vuelto a reorganizarse y a encontrarse a sí misma. Eso sí: "¡Fuera de la ciudad porque, ya sabes, dentro me ahogo!".

Recién licenciada en Derecho, llegó por casualidad a la televisión y se quedó durante casi 40 años. Primero en Televisión Española, en programas como La segunda cadena informa, Buenas tardes, Informe semanal y el Telediario; y más tarde, en Antena 3, donde presentó durante una década la edición del fin de semana de las noticias. Rosa María Mateo (Burgos, 1943) fue una de las caras más populares de la información nacional hasta que, en 2003, un despido traicionero la retiró de la pantalla. 

Desde entonces, vive alejada de la ciudad, del mundanal ruido y de la televisión, una puerta que ha cerrado para siempre: "No quiero volver a la rutina. Mi última etapa fue muy dura. Yo, ahora, soy libre". Solitaria y amante del silencio, Rosa María Mateo se confiesa tranquila y feliz: "He aprendido a convivir bien conmigo misma. Ahora tengo tiempo para leer, pensar, cuidar mi jardín...".

12 enero 2016

Así fue como me hice vegetariano

Me llamo Pablo Mérida. Y he de confesar algo: soy carnívoro. Bueno, mejor dicho, lo era. Porque hace exactamente un mes decidí hacerme vegetariano. ¿Qué es lo que lleva a una persona a tomar una decisión así? Por lo general, convicciones muy profundas que van desde la compasión por los animales a otras relacionadas con la defensa medioambiental. En mi caso, esta decisión vino dada por algo, digamos, un chispo menos trascendental.

Todo comenzó una tarde que vi llegar el autobús cuando aún estaba a unos 100 metros de la parada. ¡Qué rabia da eso! Más aún si llevas contigo a dos niños, de 10 y 8 años, que en cuanto ven el autobús salen disparados como cohetes al grito de: "¡Llegamos! ¡Llegamos!". Cuando corres con frenesí tras ellos, consciente de que a tus cuarenta y tantos estás llamando la atención, y no precisamente por tu porte atlético, compruebas en primera persona los efectos de la vida sedentaria. Sí, llegar, llegas, pero en un estado lamentable.

-Si es que estás muy gordito, papá -comenta sin gracia alguna el pequeño.

No lo estrangulas porque estás en un transporte público. También porque sabes que tiene razón. Ya no se trata de estar más o menos gordo, sino de sentirte pesado. Y, como dicen que cuando pasas la frontera de los 40 llega el momento de adoptar ciertos cambios, se me ocurre la gran idea: hacerme vegetariano y apostar por un estilo de vida más sano de cara al verano.

SEMANA 1

LA ADAPTACIÓN

Hay que hacer las cosas bien. Así que pido hora con la dietista Emma Brugué, nutricionista del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona. Nada más entrar a la consulta le explico mi decisión. Y, como he ido preparado, le pongo sobre la mesa una analítica reciente y una lista con los que hasta ahora eran mis menús diarios. Me mira un poco raro. Quizá me he pasado con lo de los menús.

-Quítate la ropa que vamos a pesarte.

Me quedo de piedra. ¿La ropa? ¿Toda? No entraba en mis planes desnudarme ante una nutricionista a la que acabo de conocer. Si yo sólo quería hacerme vegetariano...

-Puedes quedarte con la camiseta y la ropa interior -añade después de advertir el temblor de mis manos, y me invita a subir a una extraña báscula con asas.

Se llama Tanita y se emplea para calcular la composición corporal. De ella sale un recibo, similar al de las máquinas registradoras. La dietista lo estudia y me lo muestra. Hay varios datos, pero uno centra toda mi atención. Peso: 99 k. ¡Santo Cielo, si estoy a un kilo de los 100! ¡¡Qué espanto!!

-Pablo, tienes un poco de sobrepeso. Pero si lo que quieres es adelgazar, no necesitas hacerte vegetariano.

-Ya, pero me hacía ilusión -balbuceo con la autoestima por los suelos tras comprender que me he convertido en una foca.

-Para adelgazar hay que hacer una dieta hipocalórica, vegetariana o no. Si quieres, te doy las pautas para comer vegetariano e intentar perder algo de peso. Pero, insisto, no relaciones esta comidan con la pérdida de peso porque no es así. ¿Qué tipo de dieta vegetariana quieres seguir?

-¿Perdón?

Con paciencia, Emma Brugué me explica que dentro del vegetarianismo existen dos grandes grupos: los ovolactovegetarianos, que comen productos lácteos y huevos -dentro de estos, hay quienes sólo admiten huevos o lácteos- y los vegetarianos estrictos, que rechazan la carne, el pescado, los huevos, la leche y los derivados de todos estos productos.

-El principal problema de la dieta vegetariana -dice la nutricionista- es la falta de proteínas y de hierro que se encuentran en la carne. Los hombres, en concreto, que tienen una masa muscular mayor que las mujeres, necesitan más proteínas para alimentar su musculatura. Para empezar, yo te aconsejaría una dieta ovolactovegetariana, ya que te costará menos y contarás con el aporte proteico del huevo.

Me pongo en sus manos sin dudarlo y me diseña una dieta a medida. Al mirarla, trago saliva. Le había escrito en mis menús que todas las mañanas desayuno café con leche con 18 galletas, colocadas en dos montoncitos de nueve -sí, llámame maniático-. Ella me rebaja la ración a ocho galletas diarias. ¿Dos montoncitos de cuatro? ¡Qué miseria!

Salgo de la consulta. Esto que ha comentado la nutricionista sobre el riesgo de la falta de proteínas me preocupa un poco. Menos mal que no soy aprensivo. Pero, aunque apenas llevo cuatro horas como vegetariano, ya me siento un poco flojo.

Como todos los días en casa con los niños y tenemos un menú semanal que repetimos como si fuera un ritual: el lunes toca esto, el martes lo otro… Decido aprovechar lo que puedo de ese menú y sustituir las carnes por ensaladas. No es exactamente lo que me ha aconsejado la nutricionista, pero necesito salir del paso.

Los primeros días, va todo bien. No me cuesta dejar la carne. Hay separaciones a lo largo de nuestra vida que son más traumáticas: prescindir del chupete, dejar de fumar… Pero quitar la carne de la dieta no provoca mono. Ni sueñas con asados, ni nada por el estilo. Eso sí, a veces me quedo con la sensación de no haber comido lo suficiente y noto alguna que otra molestia en el estómago: ruiditos, gases, calambres. Apenas me alarmo. Sólo en un par de ocasiones me cuestiono si seré intolerante a los vegetales.

SEMANA 2

EL APRENDIZAJE

Como mi creatividad con las ensaladas es limitada, llego a la conclusión de que hay que ampliar el repertorio. La nutricionista me ha aconsejado incluir algunos productos que me son del todo desconocidos, como el tofu -un insípido queso de leche de soja- y el seitán -gluten de trigo de sabor horrible-. Después de mucho buscar, los encuentro en un supermercado especializado en la venta de productos ecológicos. Saco tres rápidas conclusiones: son pequeños, caros y tienen un aspecto lamentable. Sólo de verlos se te quita el hambre. Aún así, pongo todo de mi parte y hago la compra: bio tofu wok al curry, vegeburger de seitán y zanahoria, hamburguesa de algas, salchichas de tofu y setas, filetes de tofu estilo japonés... A ver quién es el guapo que les mete el diente.

Recojo a los niños del colegio. Al llegar al portal, ellos suben corriendo por las escaleras. Cinco pisos. Están locos estos chiquillos. ¿Locos? Sonrío. Tras mi primera semana como vegetariano, me siento más ligero, así que olvido el ascensor y salgo brincando detrás. Me siento como Silvester Stallone en Rocky. Hasta el segundo piso, donde cojo el ascensor. Aún jadeando, nos sentamos a comer. De primero, lentejas. De segundo, a los niños les toca hamburguesa de pollo. Las hago en la plancha y he de reconocer que huelen fenomenal. Yo me paso por la plancha una hamburguesa de seitán. Vuelta y vuelta. No huele a nada. Cuando me meto el primer trozo en la boca, se me congela la sonrisa. ¡Dios! ¡Qué horror! Es insípida, pero con una textura que encima da mal rollo.

En busca de inspiración para mejorar mis preparados vegetarianos, salgo con mi mujer a cenar a un restaurante vegetariano que tenemos cerca de casa. En la carta veo platos sugerentes: ensalada de mango, canónigos, queso fresco y semillas de girasol; canelones de paté de champiñones; escalope de berenjena con queso… Cuando va a tomarnos nota, el dueño me confiesa que el seitán es la especialidad de la casa. Intento salir corriendo. Él me coge de un brazo y trata de tranquilizarme:

-El seitán es harina biológica amasada como si se fuera a hacer pan. Se pone debajo del grifo y se deja que el agua limpie todo el almidón. Se cuece con verduras, algas y gotitas de tamarí, una sustancia vegetal muy rica en proteínas. El seitán absorbe las propiedades y se convierte en un alimento con un alto contenido proteico, pero sin las grasas de la carne.

El secreto, me dice, está en acompañarlo con una salsa bien elaborada. Me recomienda el seitán con champiñones y salsa de romesco. Lo prefiero con gorgonzola y berros, y he de terminar dándole la razón. Con un buen acompañamiento se deja comer, así que cuestión de practicar.

Días después viajo a Madrid. Aprovecho para ir a comer con mi madre, a la que ya le he explicado por teléfono mi nueva condición. En cuanto me abre la puerta, me dice muy contenta:

-Mira, he preparado para comer una ensalada y unos filetes empanados.

-Pero, mamá, ya te dije que ahora soy vegetariano. No como carne.

-¡Atiza! Bueno, no te preocupes que bajo ahora mismo a comprar algo de pescado.

-No, mamá. Pescado tampoco como.

-Y, entonces, ¿qué vas a tomar de segundo? -me dice con una mezcla de preocupación y ternura maternal, aunque por su mirada deduzco que debe de estar pensando: "Pero, hijo, ¿no eres ya lo suficientemente mayorcito como para seguir haciendo estas tonterías?".

SEMANA 3

LA CONFIRMACIÓN

Sigo sin notar nada especial. Las digestiones me resultan mucho más livianas, pero creo que no he perdido un gramo. Me veo la misma barriga enorme que antes. No estoy especialmente cansado, aunque quizá sí un poco más distraído. Lo noto cuando una mañana, al salir de la ducha, me pongo espuma de afeitar en una axila. No sé seguro si es porque estoy dormido, por el riesgo de guardar el bote del desodorante al lado del de la espuma, o por la falta de hierro.

Poco a poco me va interesando más el mundo vegetariano. Supongo que también es porque vamos mejorando los menús. Al mediodía, no consigo hacer gran cosa debido a la falta de tiempo. Pero por las noches, mi mujer -que me apoya a muerte en mi propósito, aunque ella sigue comiendo carne- me sorprende con platos muy ricos, como berenjenas rellenas de champiñones. Leo libros y artículos, entro en páginas webs y encuentro información para aburrir: recetas, consejos, testimonios. Descubro, por ejemplo, que, entre los vegetarianos, existe un universo propio: los veganos. De primeras, el nombre me recuerda a la serie Star Trek, porque ¿no era vegano Mr. Spock?

Los veganos son el sector duro de los vegetarianos. No admiten ni huevos ni lácteos ni tan siquiera pastas que hayan sido fabricadas con cualquier tipo de traza animal. Donald Watson, fundador de la Sociedad Vegana, lo define así: "El veganismo es una filosofía de vida que excluye toda forma de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida". Suena un poco a secta, pero me vence la curiosidad y localizo a un vegano para charlar con él. Quedamos en plan cita a ciegas a la entrada de un centro comercial. Me encuentro con un chico de aspecto normal y corriente. Se llama Jorge Andrés Palacio. Colombiano y de trato encantador, es vegetariano hace doce años y vegano casi desde entonces.

-Lo más difícil de ser vegetariano es compaginarlo con la sociedad. Ganarte el respeto de los padres, interactuar con los amigos… Además, pasas por varias fases. Una inicial de tentación, en la que añoras la carne. Sobre todo, cuando vas a una fiesta en el campo y ves a la gente haciendo chorizo en la barbacoa, y tú tienes que ir con los calabacines bajo el brazo. Ahí sufres mucho. Otra etapa es tu rechazo total a los olores y sabores de la carne. Te vuelves más activista. Al final, llegas a un punto de aceptación. A mí ya no me preocupa tanto la carne en sí, sino la procedencia de los alimentos.

Lo de Jorge entiendo que va mucho más allá que una simple dieta. Es toda una filosofía de vida, aunque él explica sus inquietudes con serenidad. Eso sí, asegura tajante: "No me veo nunca más comiendo un trozo de carne. El placer que le da a una persona el jamón a mí me lo da el brócoli. Encuentro la magia de los sabores en los vegetales".

SEMANA 4

LA SORPRESA

Sin duda influido por mi conversación con Jorge, comienzo a plantearme que quizá he sido un cobarde, que el vegetarianismo auténtico es el defendido por los veganos. ¿Podría convertirme en uno? Tengo dos barreras que me frenan: el café con leche de por la mañana y el yogur que tomo de postre por las noches. Sí, sé que existe leche y yogures de soja. Pero tal vez sea pedirle demasiado al cuerpo. ¿Empezar el día con ocho miserables galletas y leche de soja? Es un poco masoquista, ¿no? Tal vez no haga falta ser un vegetariano tan puro. Al fin y al cabo, toda mi vida he sido un tipo más bien mediocre. ¿Por qué ahora voy a tener que destacar como el mejor vegetariano del mundo? Tampoco es eso. Además, aún llevando una dieta ovolactovegetariana, uno se encuentra ya con suficientes dificultades para sobrevivir.

Una noche me dice mi mujer que hemos quedado a cenar con una pareja de amigos. Nos encontramos en un pequeño restaurante de comida mediterránea. Su fuerte son los platos a la brasa y apenas existen alternativas vegetarianas. Pese a contar con numerosas ensaladas en la carta, todas llevan sorpresa en forma de dados de beicon, virutas de jamón… Cenar puedes cenar, pero desde luego sin demasiada variedad ni excesivas alegrías. Lo que más me sorprende de todo es que me veo rodeado de carnes a la brasa y no me llaman demasiado la atención. ¿Me habré convertido ya en un auténtico vegetariano?

Justo un mes después de iniciar mi dieta vegetariana, vuelvo a ver a Emma Brugué, mi nutricionista favorita. Me recibe con curiosidad por ver cómo llevo la experiencia. La entrego una nueva analítica y detecta que varios valores han disminuido, pero los resultados le parecen buenos porque el descenso más pronunciado lo protagoniza lo que llama "colesterol malo".

Me hace subir de nuevo sobre mi vieja amiga Tanita y aquí es donde se produce una sorpresa tras otra. Primero el peso: 96,5 k. ¡Hey, he perdido dos kilos y medio! ¡Soy un fenómeno, un campeón! Segunda sorpresa: la reducción de peso ha tenido lugar sobre todo en la masa muscular. Tercera sorpresa: la masa grasa ha aumentado. A la dietista no le gustan demasiado los resultados y me explica la razón.

-Con las dietas vegetarianas no se puede generalizar, ya que a cada persona le afectan de una manera diferente. En tu caso, está claro que la falta de proteínas ha hecho que tu masa muscular vaya a menos y el espacio libre que ha dejado está siendo ocupado por grasa.

-Entonces, ¿si siguiera con esta dieta…? -pregunto temeroso.

-Si atendemos a la tendencia de este primer mes, me temo que es muy posible que continuaras perdiendo masa muscular y ganando grasa.

-Entonces, ¿qué hago?

-Mira Pablo, yo que tú volvería a comer carne.

-Pero no entiendo nada. Pensaba que una dieta vegetariana era el colmo de lo saludable...

-Ningún nutricionista recomendaría nunca una dieta que tenga carencias. Y en el caso de la dieta vegetariana estricta, las carencias que acarrea no la hacen en absoluto saludable.

-¿Y la dieta ovolactovegetariana?

-Tiene menos carencias, pero mira tus resultados. Hoy son buenos porque llevas sólo un mes. Es posible que al cabo de seis meses ya no sean tan buenos.

Salgo de la nutricionista a la carrera para recoger a los niños del colegio. Estoy perplejo. Yo pensaba que estaba apostando por una vida más sana y feliz, y ahora me encuentro con esto. Quienes sí están felices son mis hijos, ya que acaban de darles las vacaciones. Como de costumbre, volvemos a casa a pie: ellos saltando y persiguiéndose, y yo envuelto en un mar de dudas. En apenas unos días he oído versiones muy contradictorias sobre el vegetarianismo, tan diferentes que no cabe pensar más que alguien se equivoca. Lo malo es que no estoy seguro de quién es. ¿Y ahora qué hago? Me hago esta pregunta justo delante del mercado de mi barrio. Entonces se me ocurre otra idea genial. Ya se sabe, a partir de los 40 es un cambio detrás de otro. Les guiño un ojo a mis hijos y los llevo hasta mi parada favorita:

-Buenas tardes, me pone 200 g de jamón ibérico, por favor.

PITÁGORAS, DA VINCI Y OTROS ILUSTRES

El origen del vegetarianismo se remonta al siglo VIII a.C.: el jainismo, religión de la India, practicaba el ahimsa, la no violencia hacia los animales. Los sacerdotes egipcios seguían una dieta vegetariana para mantener el voto de castidad y, en la antigua Roma, Pitágoras sostuvo que la carne contaminaba el alma. Ya en el Renacimiento, Da Vinci rehusó comer carne desde niño. Y Miguel de Cervantes llegó a afirmar que "la alimentación de un hombre superior debe ser de frutos secos y raíces comestibles". Hasta finales del XVII, rechazar alimentos animales se justificaba con argumentos morales pero, desde el siglo XIX, los motivos empezaron a ser médicos. En España, surgieron las primeras sociedades vegetarianas a principios del siglo XX. Actualmente, son muchos los rostros populares que apuestan por este tipo de alimentación.

LA CESTA DE LA COMPRA BÁSICA

La dieta vegetariana cuenta con exóticos ingredientes que pueden resultar más o menos familiares, el tofu o el seitán son algunos de ellos. Sin embargo, como explica David Román, presidente de la Unión Vegetariana Española, la cesta de la compra básica de un vegetariano es muy convencional: "No tiene nada rebuscado o que parezca un producto milagro, sino alimentos que cuentan con un gran valor nutritivo". La base de las dietas vegetarianas son los cereales, las legumbres, las frutas, las verduras y los frutos secos. Román ha seleccionado los 10 productos que no pueden faltar en el almacén de un vegetariano que apueste por una alimentación saludable.

LENTEJAS

Ricas en proteínas. Si se combinan con cereales, se obtienen proteínas de alto valor energético.

AGUACATE

Su valor calórico es elevado con respecto al de otras frutas. Es rico en minerales como potasio y magnesio.

ZANAHORIA

Tiene un gran contenido de vitaminas y minerales (sobre todo, potasio) y de carbohidratos.

FRESAS

Son especialmente ricas en vitamina C, fibra, potasio, hierro y calcio y tienen propiedades antioxidantes.

BRÓCOLI

Encabeza el ránking de los alimentos más nutritivos. Es una gran fuente de vitamina C y ácido fólico.

CACAHUETES

Los frutos secos son fuente de oligoelementos, que intervienen en el sistema digestivo o el muscular.

TOMATE

Tiene vitamina C y licopeno, un pigmento vegetal con funciones antioxidantes beneficiosas.

ARROZ INTEGRAL

Existe una enorme variedad de tipos y proporciona vitaminas E y del grupo B.

SOJA

Destaca por su gran aporte de proteínas de calidad. Se puede encontrar en múltiples derivados.

NARANJA

Es rica en vitamina C y ácido fólico y en minerales, como el potasio, el magnesio y el calcio.

Cuando se toma la decisión de hacerse vegetariano, es necesario someterse a unos controles que aseguren un buen estado de salud. Las revisiones pasarán a ser anuales una vez que los niveles del organismo se hayan regulado. Éstas son las pautas que sugiere Isabel Alonso, endocrinóloga del Hospital USP San José de Madrid.

1. ANÁLISIS. Se tienen que realizar cada seis meses. Unos resultados anormales, tanto por exceso como por defecto, de proteínas, minerales, vitaminas... deben poner en alerta al vegetariano en ciernes.

2. PESO. La pérdida excesiva y rápida de peso no es buen síntoma. Tampoco lo es perder masa muscular, ya que podría ocurrir que el espacio libre lo ocupe la grasa (como le ocurre al protagonista del reportaje). La recomendación es comer carne, pero si se decide seguir siendo vegetariano, lo mejor es hacer ejercicio físico diario para recuperar la musculatura.

3. ALIMENTOS. La falta de proteínas de alto valor energético (las de la carne) conlleva un deterioro de la masa ósea. Para combatirla, es aconsejable tomar, al menos, tres o cuatro lácteos diarios. Quienes deciden convertirse en vegetarianos deben comer cada día, además de frutas y verduras, proteínas ovolácteas y legumbres. Lo aconsejable es hacer una dieta equilibrada, sin carencias. Si se quiere perder peso, hay que cambiar la dieta y los controles son mensuales.

4. TENSIÓN. Cuando se decide realizar una dieta vegetariana hipocalórica, se debe revisar la presión una vez al mes para evitar los niveles demasiado bajos.

05 enero 2016

Regando las macetas con una grúa

Se encuentra uno desayunando tranquilamente próximo a su ventana aprovechando los primeros rayos del día, cuando una sombra se cierne sobre el edificio. Se trata del jardinero a domicilio, con el que cuentan, sin solicitarlo, desde hace unas semanas todos los vecinos de la calle Ancha. 

Jardinero 'indiscreto' que sobrevuela sus balcones subido en una plataforma móvil para cortar, regar, cuidar y abonar los geranios que desde entonces crecen en el centro de León. Hay quien todavía no los ha visto, pero sospecha que han pasado por ahí.

 Yo no he visto nada, pero oigo ruidos cuando las están arreglando, aunque ya les dijo mi marido que no hacía falta, que nos encargábamos nosotros, asegura una vecina de uno de los edificios frente a la Catedral. Prefiere no dar su nombre, es consciente de que el asunto ya ha entrado en el terreno de la polémica.

El vicealcalde leonés, Javier Chamorro, subrayó ayer de nuevo a este periódico que la instalación de estas macetas no ha costado nada. Ha sido la adjudicataria del contrato de Jardines tras su privatización, la UTE León Verde (Acciona) la encargada de la factura -una inversión de 260.000 euros- ya que la actuación se enmarca dentro una cláusula contractual que obliga a la empresa a realizar anualmente un determinado desembolso en concepto de mejoras en las zonas verdes de la ciudad.

Fue hace un par de semanas cuando, dentro del plan de embellecimiento de la ciudad, los vecinos de la calle Ancha vieron cómo sus balcones se inundaban de geranios. A unos les hizo más gracia que a otros. Me parece una salvajada y un gasto absurdo de dinero, nosotros les dijimos que esto era un negocio y no podíamos atenderlas, pero me dijeron que lo hacían ellos. No los he visto por aquí, explica Marta mientras muestra la tierra seca de sus flores-regalo.

Los responsables de los comercios de la zona no encuentran ningún problema en la iniciativa municipal. La calle está más bonita y la máquina sobre la que riegan ocupa poco espacio no molesta, asegura Ofelia, desde su tienda Piedras de luz. Además, vienen a primera hora de la mañana, continúa. A las 11 tienen que estar fuera porque los turistas y peregrinos comienzan a concentrarse en la zona más concurrida de la ciudad.

De todos modos, el protagonismo continúan teniéndolo las macetas de extraordinarias dimensiones que campan por diversas plazas de la ciudad. Es difícil no verlas y desde su instalación, se han convertido en el objetivo del flash de las cámaras de muchos turistas. Cándida y Pepe, de Murcia, están de visita por la ciudad. Nos ha gustado mucho, no lo habíamos visto en ningún otro sitio, y ya le hemos hecho la foto de rigor al niño.

Por su parte, Thèrese Persigny, peregrina de Rouen, no le convencía del todo. Creo que quita un poco de protagonismo a la catedral y no pega con el estilo del momumento, podrían haber escogido algo más discreto. A mí me encanta, que está muy bonito, entiendo que no se puedan gastar mucho dinero en la situación que estamos, pero mantener las calles en buen estado también es importante, aseguraba Carmen.  

29 diciembre 2015

Isabel Gemio no es periodista

Una mujer justiciera convertida en heroína por una sociedad que ha perdido la fe y la moral en sus leyes, protagoniza Barrio cero (Planeta), la última novela de Javier Reverte (Madrid, 1944), que ahora huye a fundirse los 120.000 euros del Premio Fernando Lara viviendo una temporada en Nueva York, la nueva estación de tránsito de un tipo moral y franco que logró sobrevivir a 30 años de periodismo sin volverse ni un amargado ni un cínico. Al revés: convirtiéndose en un solitario y lucido letraherido y viajero que va y viene, a su bola, como el indio loco de las películas.

Crecí rodeado de periodismo. Mi abuelo materno era redactor-jefe de ABC y crítico de teatro y toros. Escribió un instant book sobre la II Guerra Mundial: lo empezó pro-germano y lo acabó pro-aliado. ¡Se cambió de chaqueta! Mi abuelo paterno era linotipista. «Piquito de oro», lo llamaban. Casi lo fusilan. Mi padre, periodista. Un hermano suyo, periodista. Un hermano de mi madre, periodista.

¡Qué desgracia!

¡Sí, sí! Tengo dos hermanos y tres primos periodistas. ¡Y ya se acabó, al fin! Conocemos tan bien el periodismo, que estamos hasta las narices. Mis hijos no lo son, por supuesto… El periodismo está muerto, agónico, cadavérico.

La cita de Hemingway: «Un excelente oficio, a condición de saberlo dejar a tiempo».

Es cierto. Yo he tenido suerte, pero tengo amigos que han visto morir el periodismo en sus manos y están amargados. Ya no hay reportaje. Pero yo he viajado mucho y el oficio me ha permitido asomarme a muchas falacias.

¿Y eso le volvió cínico, escéptico…?

Escéptico. Los grandes hombres, de cerca, son más pequeños. Pero también me ha dado fe en la naturaleza humana, porque hasta en los escenarios de guerra he visto un impulso a la dignidad.

Con ese entorno, el periodismo, ¿qué fue? ¿Inercia o vocación?

Uf, no he tenido nunca vocación periodística, sino de escritor. Pero como no era un genio, este oficio me daba alternativas: se construye sobre la pregunta, es rápido, te da síntesis, te enseña a buscar la médula… ¡Esos escritores que tardan 16 páginas en abrir y cerrar una puerta, puff!

¿Por qué has dicho que antes de viajar sólo eras un analfabeto?

Si es que yo lo único que había hecho era ir a Zamora y a la Puebla de Sanabria de viaje de novios… ¡Mi mujer me debe querer mucho! Viajar te quita los prejuicios, te enseña que sólo hay una raza: la humana.

Ya, pero tú viajas y tu familia se queda, esperándote. ¿El que huye de aquí, el que viaja, no es también el egoísta?

¡Pues que se vengan! Sí, claro, yo huyo: de la melancolía, del aburrimiento, de hacer todos los días los mismo. Aquí pasa un año y parece un mes. Viajando, el tiempo se dilata. ¿Te acuerdas cuando de niño un verano parecía infinito? Pues el viajero es como un niño. Y un escritor también es un niño que juega.

«No sé porqué mi mujer y mis hijos me quieren», has dicho. ¿Lo más cercano es también lo más misterioso?

Sí, lo más cercano es lo más difícil. Yo viajo también por no hurgarme en mí mismo: igual encuentro a un asesino perverso, o a un gay, a mis años, qué putada… Lo que lamento ahora es no haber tenido más tiempo para mis hijos. ¡Qué le voy a hacer! También, cuando volvía, me decían: «Cuéntanos tus aventuras». Y yo se las contaba, exagerando un poco. ¡Era cojonudo! Y mi mujer ha sido tremendamente generosa.

Esos escritores que han hecho de su vida rutinaria y sedentaria un gigantesco dietario…

No me interesan. Hay mucho onanismo y mucha metaliteratura. En la literatura de hoy, hay más tinta que sangre. Hoy no hay grandes escritores. ¿Dónde están los Valle, Lorca, Unamuno? No hay aquí ni en el mundo. García Márquez es un mito que siempre escribe la misma novela. Quizá Coetzee, que cada tres años te deja otra vez desolado.

¿Literatura o moral?

Yo tiro más a la moral. La literatura está agotada. Occidente está cansado de sí mismo. Europa es una franca decadencia.

¿Y este país? ¿Te da pena?

Sí, es muy paleto. Los líderes, sobre todo: institucionales, banqueros… Es el país con más inventiva del mundo, pero hemos tenido unos dirigentes horribles. Hombre, los de la Transición tampoco eran Churchill, ¡pero esta tropa es tan penosa!

Por si te faltaban razones para hacer la mochila e irte…

¡Uff, son una razón cojonuda! Ahora me voy a Nueva York, a vivir en la capital del Imperio seis o siete meses. No quiero estar aquí.

Curioso, para tener, como tienes, la etiqueta de viajero exótico.

Sí, me la colocaron. Pero me gusta la enorme energía de América del Norte: allí la ley es cambiante y surge de abajo. No como en Europa, que vive aplastada por una superior.

Y, como la protagonista de tu nueva novela, ¿tienes algo de escondido vengador justiciero?

No, en absoluto. Hombre, yo mataría por un hijo mío, supongo. Lo que sí soy en esta novela es muy crítico con los políticos, los religiosos, los medios de comunicación…

Tu amigo Antonio Hernández te ha colgado fama de «escritor andaluz sin saberlo». ¿Qué querrá decir?

Le gusta tomarme el pelo. Sí, dice que soy un andaluz sin saberlo. Cuando llegamos desde Madrid a Despeñaperros, Antonio empieza a aplaudir. Y mi suegro, cordobés, cuando íbamos para Madrid, en Despeñaperros paraba el coche, salía y saludaba: «Adiós, Andalucía».

Tienes un apartamento en Garrucha, un sitio muy tranquilo de Almería. No te pega: no es exótico.

Me gusta la gente y estar aislado. Y el Mediterráneo. Y salir a pescar con los amiguetes de allí… Pero se han muerto unos cuantos y, la verdad, ya no voy. Han destruido el mundo mediterráneo, que no es sólo un paisaje sino también un alma. Yo hubiera detenido ese mundo en el 85: ya no había pobreza, había Seguridad Social y el paisaje estaba más o menos intacto. Pero noté que la gente ya no hablaba de la pesca o la emigración. Todos decían lo mismo: «Tío, compro en plano y vendo en llave». «Oye, ¿podemos hablar de algo que no sea del dinero?». El dinero no tiene conversación. ¿Sabes que eso está lleno de niños con coches enormes que no pueden sacar del pueblo porque no tienen carné? ¡No son capaces de contestar 75 preguntas!

Los estragos de la codicia.

Estos años han sido un desastre. Allí la gente ha olvidado lo que sabía y no ha aprendido nada nuevo.

De tu generación, ¿lo más heroico es el hígado?

Hemos tenido hígados privilegiados, sí. Aunque algunos lo han pagado; Manu [Leguineche] está fatal. Yo he aguantado. O [Manuel] Alcántara. No sé, la generación anterior creó a unos niños con buen hígado.

Fuiste comunista. Algo que tu imagen no sugiere hoy.

Entré en el 74 y salí en el 79. Y me fui porque descubrí que yo no era comunista, lo que pasa es que no me había dado cuenta. Yo era socialdemócrata, pero González y Guerra, a los que traté de cerca, eran muy altivos y nos engañaban mucho…

Así es que eres un burgués.

Sí, claro, un pequeño burgués, liberal y socialdemócrata. Pero tuve ofertas. En el 82, el PSOE me ofreció ir de senador por Soria. ¡Yo no había estado en mi vida en Soria! Pensé en mis hijos diciendo: «Mi padre es senador». Y dije que no. Yo no valgo para ser disciplinado y desear el poder absoluto. Yo no valgo para rendirme ante el jefe. Yo soy el indio loco de las películas… Yo, de la política, no entiendo que la traición esté aceptada. Yo no podría aceptar la traición de un amigo ni ejercerla…

Volvemos a la moral.

Sí, yo tengo una ética conmigo mismo. Por eso no salgo de tertuliano y hay dinerito, eh. Pero ni sé pelearme ni soy moralista. A mí me dan risa las tertulias: les pagan una pasta maja por hacer lo que hacen los españoles en los bares.

El oficio espectáculo…

Sí, y el público ha entrado en eso como antes en el circo. Pero el periodismo nació para buscar la verdad. Y verdad y audiencia no casan. Hoy los medios son antiestéticos. Falta pudor. El triunfo no es escribir un buen libro; es salir en la tele. Los escritores no deberíamos ni tener cara. Ése es mi ideal: no tener cara.

23 julio 2015

Créditos rápidos sin papeles

Los microcréditos son pequeños créditos a corto plazo que ayudan prácticamente en el momento a particulares y familias en general. La economía española se está actualmente en un proceso de recuperación para intentar salir de la crisis financiera en la que está sumergido el país. Hecho que ha dado lugar a que en los últimos años hayan surgido gran variedad de prestamos a corto plazo para ayudar a los españoles a solventar sus problemas inmediatos de liquidez.

Uno de los productos financieros que más se han usado desde la crisis económica son los microcréditos; que no son otra cosa que préstamos a corto plazo de hasta 800€ que ayudan a familias, autónomos y particulares a solucionar un determinado gasto o apuros económicos. En este tipo de préstamos destaca por su gran variedad de clientes admitidos, ya que los requerimientos son muy pocos.




Uno de los perfiles que más demanda estos especiales créditos, son los inscritos en el registro de Asnef, ya que hay algunas como los microcréditos de Cashper que admiten a personas registradas en este fichero, no importa la cantidad. Otras empresas financieras que admiten a clientes que están en este registro de morosidad son Twinero y sus préstamos rápidos pero limitados a deudas inferiores a 1.000€.

El uso de los préstamos rápidos online ha aumentando debido a que resulta más fácil conseguir liquidez a través de la red y disponer el mismo día del dinero. Este tipo de dinero prestado express se ha convertido en un buen recurso para los españoles que necesitan cash de una forma rápida, fiable y con plena confianza.

El funcionamiento de los microcréditos es muy fácil. El cliente no tiene más que solicitar un crédito con la fecha de devolución que crea oportuna, siempre teniendo en cuenta que la cantidad de los préstamos suelen tener un máximo de 800€ y que el periodo para devolver el préstamo es entre 15 y 30 días. Una vez que se han decidido estos parámetros el cliente da sus datos personales y en sólo unas horas, si la solicitud ha sido aceptada, dispondrá de liquidez en su cuenta bancaria.

22 julio 2015

Claudia Schiffer la mujer perfecta

La famosa Claudia Schiffer, musa de postrimerías y virgen, con sus vacaciones y desnudos en Mallorca, nos ha dado una serena lección a estos latinos levantiscos y saltatumbas que somos: ella no es apoteósica, supergrandiosa, orgiástica de cuerpo, sino mucho más que eso: sencillamente, correcta.

Como la Bien Plantada de Xenius, como Teresa, Claudia Schiffer es el ideal, el modelo y la norma, no por más plus que las demás, sino ponla corrección de sus medidas. Y la corrección no es sino la dimensión doméstica de la perfección. Claudia Schiffer es perfecta. (Ovidio lo ha visto bien en ABC). 

Pero esto no es sólo lección para los desatentados que saltan el muro de la virgen, en Mallorca, por pisar su jardín intacto. También lo ve uno, por deformación profesional, como ejemplo de príncipes no demasiado maquiavélicos. Así Felipe González. González ha querido ser la Claudia Schiffer de la política y el agio europeos. Ante el gentío nacional aparece como el macrohombre que va a proyectarnos a todos hacia el futuro atómico y el liderazgo español de Europa. No le pedimos tanto, señor González, no le pedimos que sea Jane Mansfield o la excesiva Marilyn(que los excesos pasan pronto), sino que dé, sencillamente, las medidas correctas, como Claudia Schiffer, lo cual, ya digo, es aproximarse mucho a la perfección. Si por algo ha pecado González es por exceso. 

Lo quiere todo para España (y para él y su estrellato), pero nos bastaría con que quisiese una gasolina más barata. En la campaña y la precampaña de junio difundió el eslogan de que la derecha, si ganaba, iba a quitarles dinero a los viejos, los jubilatas y los parados. Es lo que está haciendo su Gobierno en estos momentos. Así como hay paparazzis y sensacionalistas que exageran las medidas de Claudia Schiffer, para que sea «más noticia», hay periódicos, radios, televisiones, intelectuales, gacetilleros ilustres, columnistas egregios, que exageran las medidas torácicas de Felipe González, creando la leyenda fácil del Supergonzález, con lo que perjudican mucho al jefe, como todo el que escribe movido por un complejo sadicoanal. 

Han creado un Felipe meriliano, una Sofía Loren tardía (al principio le llamaron «Nadiusko»), pero los españoles no queríamos ni necesitábamos tanto, sino solamente un político correcto, que es lo que más se aproxima a un político perfecto. Como FG no es correcto en ningún sentido, ni siquiera en el moral, esto se suple con un exceso de atributos que luego, cuando baja las pensiones y sube la gasolina, se desprenden como los de una falla valenciana. No es que FG sea «el hombre sin atributos» de Musil, sino que aspira a tenerlos todos con exceso. Pero eso es un contradiós, y cuando el invento falla, como ahora, se ve a trasflor que ni siquiera Felipe da la talla de González. Hoy por hoy, el presidente no está a la altura de sí mismo. Yo le invito, con amor y respeto, a que siga la lección de Claudia Schiffer: no hay que ser sobrenatural; basta con ser perfecto. Lo mismo en la Moncloa que en los desnudos de Mallorca. Hemos creado entre todos un Supergonzález que ni siquiera vuela, como Supermán. 

Y de ahí los ostiazos que se pega, cuando intenta volar. Pero en este verano de manigua recalentada, en este ferragosto de postrimerías, en que vuelvo donde solía, he aquí que ha amanecido una mujer (la mujer: modelo y medida de todas las cosas), Claudia Schiffer, desnudándose, no para un strip/tease, sino para un curso de geometría, a saber: conquistar el mundo no supone ser extraordinaria, sino, sencillamente, ser perfecta. Ni más ni menos. He aquí la Bien Plantada de 1993, verano. Mejor que de su señora, que dice «jóvenas», aprenda el presidente la lección de Claudia Schiffer. No hay que ser archieuropeo, como proclamaba de sí mismo el provinciano Baroja. Basta con dar correctamente las medidas nacionales. FG no las da. Y Claudia Schiffer, la perfecta, habrá sido en vano.