09 diciembre 2014

Cupón descuento CARREFOUR online

La libertad de descuento en los precios de los libros de texto, aprobada por el Gobierno en junio pasado dentro del paquete de medidas liberalizadoras, ya se ha empezado a notar. Carrefour que ahora anda ofreciendo cupones de descuento online Carrefour para su clientela internauta y Alcampo venden desde hace unos días los textos de enseñanza primaria y secundaria para el curso que viene con unos descuentos del 25%.


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El Corte Inglés realiza una rebaja del 15% sobre su precio. Teniendo en cuenta que cada padre de familia se gasta unos 300€ por hijo, el ahorro puede ser considerable: unos 850€, una suma no desdeñable para las economías más modestas.

La liberalización de los descuentos ha suscitado la oposición de las pequeñas librerías, utilizadas como punta de lanza por las dos grandes editoriales que dominan el sector. Es lógico que cada uno defienda sus intereses, pero el Gobierno tiene que tener en cuenta los de la mayoría. Y, en este caso, la mayoría son los tres millones de familias que tienen niños en edad escolar. 

Sus derechos ya fueron avalados por el Tribunal de Defensa de la Competencia, que, en un informe de hace tres años, pedía al Gobierno que se eliminaran los topes máximos de los descuentos, que hasta junio eran del 12%. Las asociaciones de padres de familia también se habían manifestado a favor de la libertad de descuentos, rechazando el sistema de precio fijo que existía hasta 2015. 

Los hechos están dando a la razón a quienes defendían -entre ellos- la necesidad de liberalizar los precios como vía para abaratar el material escolar, que en muchos países europeos es gratuito en la enseñanza pública, algo de lo que somos fervientes partidarios.

07 diciembre 2014

Jacqueline una francesa de la vida

Flor de reporteros, diosa de un día, milagro de couché, risa hebdomadaria, francesa de la vida, regazo esbelto con una cabeza romana caída desde la sangre, viuda en Dallas, gentil mascarón de proa en los mares del petróleo. Jacqueline Kennedy Onassis.

Populó la revuelta rosa del periodismo de entonces, puso argumento a nuestro reporterismo literario, fue la novia comunicacional de todos los fotógrafos que en ella agotaban el flash de su corazón. Y ha muerto.

Aquella cosa que tenía hablando del presidente: «De muy joven leía Ivanhoe (ella decía Aivanjó) y se sigue sintiendo Ivanhoe, por eso es grande y le amo». Sencillamente, era francesa. Le puso al almidón bostoniano una frivolité de minifalda y bikini que sólo podía esperarse de una periodista de París. A América fue sólo a ligar con Kennedy, pero se quedó.

Y las minis que se ponía.

Mientras Ivanhoe Kennedy perdía el tiempo con aquel perrito caliente que era Marilyn Monroe, la francesa se lo hacía, en la tourné de Ulises, con los otros calzoncillos universales del siglo, o sea Aristóteles Onassis, del mismo lienzo moreno que los de Picasso.

- ¿Y usted, Jacqueline, por qué sale tanto con don Aristóteles Onassis?

- Porque no he llegado a tiempo de conocer al otro Aristóteles, al antiguo.

No se puede tener en casa la bascalada lírica de Normandía y perder el tiempo, ya digo, con un perrito caliente de Hollywood. Hasta que el perrito caliente se quedó frío. Y es que los perritos no deben servirse con nembutal.

Decían las marquesas de Embassy, cuando Kennedy sucedió a Eisenhower:

- Qué quieres, chica, no me va ese niñato despeinado. Ike era tan señor...

Jacqueline fue presidenta natural de la vida desde mucho antes que él llegara a presidente. No diría uno que le ayudó en la vida, en la carrera, en la presidencia. Diríamos más bien que ella era el carisma que le precedía. Un carisma de pecho breve y piernas con dibujo curvo de violín, unas piernas estradivarius, esas piernas que tienen las parisinas, y las cruzaba al andar con una gracia difícil que redimía sus pies cómicos y anchos, sus zapatos un poco grandes, desbocados. Tenía cara de pez chato.

- Ya sólo soy el que acompaña a Jacqueline Kennedy -confesaba Kennedy-.

Cara de pez chato, ojos separados, hociquito insolente, mirándonos tras el cristal, en el acuario de la gloria y la actualidad. Invanhoe caería entre perritos y gángsters, que era lo suyo, cuando Jacqueline dividía, multiplicaba ya las aguas de Homero como sirena intelectual, Circe en cinco idiomas, dama del petróleo, novia de un rey desnudo y viejo que soñó en ella el último sueño griego.

Me lo dijo un periodista amigo:

- Sólo podía pasar del hombre más poderoso del mundo al hombre más rico del mundo.

Tampoco pegó malos braguetazos en esta vida, la ninfa. Y escribía Pemán, llevado del tirón dinástico de las democracias: «Ya sólo la podrá besar otro Kennedy». Pero la besó Aristóteles y la besó Onassis. Un escándalo. La otra canéfora de la década crucial de nuestra vida era Brigitte Bardot, pero BB era la maravillosa oficial, mientras que Jacqueline iba por libre y se retrataba con unos shorts desastrosos y puede que meados. Nunca hemos escrito tanto y tan a gusto de una tía. A lo mejor es que éramos jóvenes.

05 diciembre 2014

Tráfico de influencias del partido en el poder

La vida lee los periódicos, y de ahí nace, mayormente, la actualidad, que a su vez genera vida, y periódicos... y literatura. Pepe Carvalho, el detective de papel más pegado a las contingencias de la actualidad, no podía, en consecuencia, rechazar un caso como el que se le presenta en El hemano pequeño: descubrir las tramas más sórdidas del tráfico de influencias entre políticos del partido en el poder y tiburones de la cosa inmobiliaria.

En El hermano pequeño, cuyo título ya evoca el mundillo de la corrupción política y dineraria, Carvalho tiene que descubrir al asesino de un presunto e improbable suicida, Leocadio Minguez, un alto cargo del PSOE emborrachado fatalmente con el turbio vino de las prevaricaciones y el comisionismo.

El detective Carvalho, que va de escéptico y de duro porque así lo requiere el imaginario mítico del ramo, exhibe en este caso, en este relato, su faz más sentimental y nostálgica, pues lo que más le lacera del «suicidio» de Leocadio es, en realidad, lo que contiene de traición a los viejos ideales, bruñidos cuando el finado, y el propio Carvalho, vivían su particular libertad de ensoñación y utopía en las cárceles de Franco.

Después de dieciocho novelas con Pepe Carvalho de protagonista (desde Yo maté a Kennedy a Sabotaje olímpico), Vázquez Montalbán domina a la perfección la técnica de hacer rodar a su héroe por las páginas de los libros, y todos los ingredientes que contribuyen a crear la particular atmósfera en la que se mueve (restaurantes, barrios, putas, policías...) se van situando casi solos, de manera ordenada y automática, en las riberas del relato.

Junto a El hermano pequeño, y con extensión menor, Vázquez Montalbán ha colocado otras historias que, pese al escaso desarrollo de sus argumentos, también aportan lo suyo al cosmos carvalhiano: La soledad acompañada del pavo asado, El exhibicionista, Tal como éramos, Por una mala mujer, dos pequeños homenajes a Agatha Christie, y la que a mi parecer es la más interesante y redonda, El coleccionista, un ensayo más que un relato sobre Marilyn Monroe, aquella víctima, o diosa, del furor sentimental de la carne. Aquí, en El coleccionista, es un apócrifo Pepe Carvalho, un perturbado que usurpa su personalidad, el apólogo de aquella mujer que sirvió de festín a tantos caníbales, y, más que las especulaciones sobre su muerte, llaman la atención las tiernas y lúcidas especulaciones sobre su vida.

O sea que estamos ante un Carvalho cada vez más cascado, más humano, más innecesariamente «gourmet» (a los frugales nos empachan las numerosas descripciones de menús presuntamente deliciosos), más solitario, que protagoniza, en fin, esta nueva y múltiple entrega de sus aventuras.

03 diciembre 2014

Historia mágica de Españ

El autor de «Historia mágica de España» revisa los orígenes de una celebración que encoge desde tiempos inmemoriales el alma de un pueblo. El alborozo y la expiación, lo pagano y lo cristiano, lo primitivo y el progreso se unen en una Semana Santa que no muere.

España, nos guste o no y a mí, que conste, me gusta (aunque dentro de ciertos límites), siempre sale por peteneras. Creo yo que todo el mundo, incluyendo en el lote a los más empedernidos, aborregados y entusiastas europeístas a la violeta de la triste hora actual, reconoce que aquí, entre nosotros, siguen pasando casos y cosas que no pasan en otras partes. El «Spain is different» tantas veces traído (mal traído) a colación por los tirios ilustrados y por los troyanos castizos, no fue ni es ni al parecer será nunca un simple camelo inventado en su día por Fraga para atraer turistas. Tal es, al menos, mi opinión (que viene de antiguo), avalada a contracorriente por las investigaciones y reflexiones que hace ahora algo más de tres lustros expuse en mi Historia mágica de España y confirmada a partir de entonces por casi todo lo que en público o en privado, con letra menuda o con caracteres capitales ha sucedido y está sucediendo en el ámbito del país... 

Del país y de sus antiguas colonias, porque tales habas, excentricidades y rarezas no se cuecen sólo entre los Pirineos y el Estrecho de Gibraltar, sino también como mínimo en Iberoamérica y en Filipinas. Nunca estuve en Guinea y no suelo escribir ni opinar sobre lo que no he visto.

¿Peso de la historia, poso de la geografía, efecto del cruce de culturas, consecuencia del batiburrillo étnico y demográfico, influjo de las estrellas, de los dioses lares y de los demonios familiares? Todo eso, y algo más, es lo que confluye en el inconsciente colectivo de los pueblos o diciéndolo con menos arrogancia y pedantería en su folklore, en sus usos y costumbres, en su forma de ser, de pensar, de sentir y de vivir. Hermann Hesse creía que el «destino» es el «carácter».

Y la Semana Santa española (o «a la española») no constituye excepción a esa regla. Para demostrarlo basta y sobra con echar una ojeada a las espléndidas y desconcertantes fotografías que ilustran este texto.

He pasado una y otra vez los días de la Semana Santa en muchos y muy distantes puntos del mapamundi cristiano. Y en ninguno de ellos en «ninguno», he dicho sucede «nada» de lo que sucede aquí. Ni siquiera en Francia, en Italia o en Grecia, lo que nos impide atribuir el factor diferencial al peso de la herencia latina o mediterránea. No está en ese socorrido cajón de sastre, al que tantas veces recurre la hispanoantropología cultural, la madre del cordero de la extravagancia de nuestros ritos de Pasión y de Resurrección ni tampoco deben buscarse las raíces de esa religiosidad absoluta e insobornablemente atípica en la no menos socorrida olla de grillos de lo sefardí y de lo andalusí. 

Ni los moros ni los judíos tocan pito alguno en este pasacalles. La razón de lo que digo es obvia y paralela a lo que acabo de escribir a propósito de la latinidad y la mediterraneidad: hebreos (palabra, por cierto, que viene de «iberos», o al revés) ha habido con profusión y sin discreción en casi todas partes desde la fecha de la tercera y última destrucción del Templo por orden del emperador Tito, y eso sucedió menos de cuatro décadas después de la muerte de Jesús, y los musulmanes se mezclaron estrechamente con los cristianos desde el primer momento de la Hégira en muchos países del Oriente Medio, del sur de Europa y del norte de Africa sin que ni lo uno ni lo otro produjera en ninguna parte rituales y ceremoniales de Semana Santa análogos a los que aquí, en la España «mágica» y «diferente», se celebran de sol a sol, de costa a costa y en olor de multitud durante los días que marcan en el calendario, a grosso modo, el advenimiento y la consagración de la primavera.

De la primavera, sí, porque de eso, en definitiva, se trata... Pero dejemos la afirmación en el aire. Tiempo habrá y necesario será volver a ella.

De modo que no podemos achacar las nobles, complejas, sugestivas, llamativas y a menudo atroces peculiaridades de la Semana Santa ibérica a nuestra condición de latinos ni al sonsoniquete de las Tres Culturas ni por supuesto, menos aún, al contagio de las pálidas costumbres de origen romano o no hoy imperantes en el resto de la Cristiandad.

¿A qué o a quién entonces?La solución a esta charada es digna de Perogrullo: tenemos que buscar (y «sólo» podemos buscar) las fuentes de los ritos y mitos equívocos de nuestra Semana Santa en lo anterior, en lo precristiano y prerromano, en la empuñadura de la historia, en el laberinto de la prehistoria, en la génesis de Iberia, en el oscuro y aglutinante chapapote de las presuntas razas autóctonas, cualesquiera que éstas fuesen.

Dice una rotunda cuarteta asturiana: «Antes que Dios fuera Dios/y los peñascos, peñascos,/los Quirós eran Quirós/y los Velascos, Velascos».

Bueno, pues algo así... Los Quirós y los Velascos vale decir: los iberos, los celtas, los celtíberos, los tartesios, los turdetanos, los curetes, los vetones, otros pueblos que se me quedan en la cinta de la máquina de escribir y en líneas generales y metafóricas, los hombres altamirenses son quienes levantaron los polvos que nos trajeron estos lodos o quienes sembraron los vientos que hoy nos acarrean tamañas tempestades.

Lo que, evidentemente, no significa que las razas y culturas posteriores los fenicios, los griegos, los cartagineses, los romanos, los godos, los mogrebíes y los sefardíes no añadieran alguna que otra pincelada más superficial que profunda a las mucho más profundas que superficiales ceremonias de Semana Santa (llamémoslas, «avant la lettre», así) plantadas en nuestros campos antes de Cristo por las madres que in illo témpore nos parieron y los padres que a horcajadas sobre ellas nos engendraron. La forma y la escenografía de los ritos españoles de la Pasión, la Crucifixión y la Resurrección pueden, en algunos casos, ser recientes. Su fondo, y no digamos su mensaje, siempre es ancestral.

¿Delirios o pensamiento voluntarista de un escritor que en sus años mozos jugó a ser historiador mágico?

No, no, de ningún modo... Don Luis Pericot, representante nada equívoco de la historiografía lógica y científica, escribió en su libro ya clásico sobre La España primitiva lo que a continuación transcribo: «Es imposible que las raíces milenarias no hayan dejado en el fondo del alma hispana un sedimento más poderoso que todas las aportaciones de los últimos dos mil años. Somos un producto del natural crecimiento de las pequeñas bandas del paleolítico superior con el sello que el medio geográfico impuso y con el matiz que les dieron un par de nuevas inyecciones de sangre africana o el baño de indoeuropeísmo de los celtas».

Y añadía Arrinda Albisu en su obra también clásica sobre La religión prehistórica de los vascos: «Todo intento de descubrir huellas de la mentalidad cuaternaria entre nosotros podría parecer temerario. Sin embargo, la tenaz persistencia de muchos temas míticos aún en sus más nimios detalles a través del tiempo autoriza a establecer un parangón entre las supervivencias actuales y las producciones del arte paleolítico».

E inclusive Menéndez y Pelayo, tan poco amigo de reconocerle a la Península otros moldes que los cristianos, se ve obligado a admitir en su Historia de los heterodoxos españoles que «en los cultos primitivos está acaso la explicación de algunos fenómenos que durante el curso de los siglos se repiten en nuestras actitudes heréticas y son o pueden ser una prolongación atávica. Algo de ibérico ha de encontrarse en el fondo de las supersticiones populares».

Así que...

He dejado un par de cabos sueltos. Recojámoslos.

Insinué más arriba que los rituales y ceremoniales de la Semana Santa española se inscriben en el ciclo de celebraciones generado aquí, y fuera de aquí, por la llegada del equinoccio de primavera.

Fiestas, pues, abiertamente estacionales, como casi todas las del folklore mágico, aunque no forzosa y directamente vinculadas a la fecha del veintiuno de marzo. Y resulta curioso descubrir, o comprobar, que el quicio, la llave maestra y el punto culminante del calendario litúrgico no es como a primera vista cabría suponer el día de Navidad, sino la Pascua de Resurrección que recuerda y revive el triunfo de Jesús sobre la muerte convirtiendo en eucarística carne de nuestra carne su promesa y anuncio de que existe, para todos, una vida inconsútil y eterna. El Concilio de Nicea, allá por el trescientos veinticinco, fijó la fecha de esa efemérides mirando al cielo tal como ya hacían los judíos y pronto harían los musulmanes con algunas de sus fiestas más significativas y estableciendo «urbi et orbi» que en lo sucesivo se conmemoraría y celebraría la resurrección del Galileo el domingo siguiente al primer plenilunio posterior al equinoccio de primavera. 

O lo que es lo mismo: nunca antes del veintidós de marzo y nunca después del veinticinco de abril. Será esta fecha verdaderamente angular la que condicione y determine el calendario del carnaval, de la cuaresma, de la Semana Santa, de la Ascensión, del lunes de Pentecostés y del muy taurino Corpus Christi.

«Fiestas estacionales», dije apuntando hacia todas esas «fiestas mayores» que año tras año y luna tras luna, reaparecen entre nosotros siguiendo y reflejando la cadencia de los equinoccios y de los solsticios: «navidad» (o parto del invierno), «Semana Santa» y «Pascua de Resurrección» (o de consagración de la primavera e iniciación de los adolescentes), acopio de tréboles y de virgos en la «noche de San Juan» (o proclamación del verano) y uvas de «vendimia» y tañido de «difuntos» entre el final de septiembre y el comienzo de noviembre (o flujo y reflujo del otoño).

Las cuatro fechas o ciclos, inevitables, dividen y ordenan (o desordenan) la fábula primordial y genesíaca de la Virgen y el Guerrero, asunto o telón de fondo de casi todas las novelas de caballerías y relatos iniciáticos. «Navidad»: nace un héroe destinado a conmover el mundo. «Semana Santa y Pascua de Resurrección» (y de Adolescencia): el joven, previa y aparentemente derrotado por las Fuerzas del Mal, empuña Excalibur y emprende con la ayuda de María o de Ariadna el acoso y derribo del Minotauro. «Noche de San Juan»: la Bella Durmiente, liberada y despertada por el beso del Príncipe, le entrega su virginidad a cambio de la fecundidad. «Vendimia» y «Jornada de Difuntos»: periodo de letargo para que el embrión del nuevo héroe alcance su plenitud en la Gruta y Fuente de la Doncella o Portal de Belén.

Y a partir de entonces, luna tras luna, año tras año, vuelta a empezar.

Segundo cabo suelto...

Dije también más arriba que todos los ritos «mágicos» y «diferentes» de la Semana Santa española se celebran, en la península y en sus dos archipiélagos, de sol a sol, de costa a costa, de cristiano en cristiano, de españolito en españolito, de muchedumbre en muchedumbre.

Y así es, lector, y así «no» es te lo aseguro en otros países del orbe cristiano sin trasfondo ibérico, donde la Semana Santa sólo se celebra, casi clandestinamente, en el interior de los deshabitados templos o todo lo más, fuera de ellos, con alguna que otra escuálida, esaboría y ortodoxa procesión seguida por cuatro gatos, tres curas y dos beatas. Jerusalén, para quienes estén provistos de tragaderas amplias, puede ser una excepción. Roma, en cambio, no lo es.

¿Por qué en España, y sólo en ella, las fiestas de Semana Santa recorren todo el país como un reguero de pólvora (la metáfora no es gratuita), ponen al pueblo entero en pie de trompetas y de saetas, descerrajan el horario y el calendario, tiñen de subversión la devoción, soliviantan al mocerío, resucitan a los ancianos, mezclan la plegaria con la blasfemia y el aguardiente de orujo con el vino del sacramento, confunden el cristianismo con el paganismo, transforman a la Dolorosa en diosa de la fecundidad, rompen en mil pedazos las rutinas de la vida cotidiana, subvierten o por lo menos invierten el orden establecido, sacan a todos los españoles (y a parte del extranjero) de sus casas y de sus casillas, reinventan el surrealismo, retuercen el barroquismo hasta extremos inverosímiles montan un «happening» y un desmadre en cada esquina, convierten la piel de toro de costa a costa, de sol a sol, de cuerno a cuerno en una pieza de Arrabal o en un cuadro de Dalí y despiertan durante muchos días y otras tantas noches al chamán (o al hombre de Cromagnon) que todos, de grado o por fuerza, llevamos dentro?

No me cuento yo, ciertamente, entre los convencidos de que una imagen vale más que mil palabras, pero quizás, esta vez, las sorprendentes y a menudo espeluznantes fotografías que han motivado e inspirado este texto puedan ayudarnos no a entender, pero sí a olfatear, a tocar, a saborear, a ¿por qué no? admirar y, en todo caso, a buscar las claves, las llagas, la fuerza, las luces y las sombras del misterio de España.

Lo que no es poco.

01 diciembre 2014

Viaje alucinante al cerebro

Para los griegos, la memoria era una diosa, Mnemosyne, madre de todas las musas. Finaliza el Siglo XX y el cerebro sigue dando quebraderos de cabeza a todos aquellos que, desde el Renacimiento, se han intentado aproximar a él. Los investigadores no han conseguido descifrar todos sus enigmas; la medicina no ha logrado reparar todos sus defectos. El mínimo acercamiento al epicentro del pensamiento humano no pasa desapercibido, pero no siempre se acierta a entender por qué ese día el cerebro es noticia. En el intento de hacer algo más comprensible a todos los ciudadanos lo que encierra y lo que ha rodeado a este órgano gelatinoso del sistema nervioso durante siglos, el Museo de Ciencias Naturales de Madrid inauguró el pasado jueves «El cerebro. Del arte de la memoria a la neurociencia». 

Una exposición en la que se invita a realizar un viaje a través de la historia del conocimiento del cerebro hasta las conquistas más recientes de las neurociencias. Un repaso de cómo el ser humano ha percibido el cerebro y sus funciones hasta nuestros días. La clave de esta muestra, que permanecerá abierta hasta el 28 de febrero, es el montaje que se ha realizado. Una exposición atractiva a los sentidos, espectacular y muy creativa para ahondar en el cerebro.

Un equilibrio entre mito, leyenda y los sistemas audiovisuales más modernos. Una muestra que integra Filosofía, Histología, Anatomía, Psicología, Farmacología, Biología molecular, Historia de la Ciencia e inteligencia artificial. En suma, una expedición por el Museo de Ciencias Naturales en la que se pretende que científicos y estudiantes salgan satisfechos. El recorrido por el cerebro está marcado por encuentros con poetas y pintores, filósofos y lingüistas, inventores de enciclopedias universales del conocimiento, investigadores de la máquina humana... Entre todos ellos, Ramón y Cajal ha sido casi la estrella. Una fiel reconstrucción de su despacho en la que cada instrumento original, cedido por el Instituto Cajal, ocupa su puesto. Sus microscopios, su toga, su rudimentario laboratorio y su premio Nobel. 

Una aproximación a su vida, a sus investigaciones y a sus descubrimientos. Una reconstrucción del teatro de la memoria, que diseñara Giulio Camillo en 1480, preside la muestra. A derecha e izquierda, diapositivas, vídeos, pantallas gigantes, dibujos, maquetas, máquinas, gráficos, acuarelas, incluso un Sorolla, sirven de vehículo en este viaje. En resumen, un trayecto en el que se intenta acercar al, público al arte de la memoria, a la teoría medieval de las células, al conexionismo, a los sentidos, a la neurociencia. El ordenador sirve de apoyo al test, reconstrucciones de ataques epilépticos, estudios frenológicos de cabezas de criminales o demostraciones de los efectos de la cocaína en el cerebro.

La exposición se inició bajo el título de «La fábrica del pensiero», en el Museo de Historia de la Ciencia de Florencia en 1989, y continuó su recorrido por la Ciudad de la Ciencia y de la Industria de París, La Villette, en 1990. Dentro de unos meses llegará a la Smithsonian Institution de EEUU. Pero antes, Pietro Corsi, comisario de esta muestra, habrá «cumplido» en Madrid con un museo que quiere romper la imagen anquilosada . que de él se tiene, anclada en la preshistoria de los dinosaurios y en el romanticismo de las colecciones de mariposas. Pese a que se haya hecho un alto en el tiempo para reunir mucho de lo que se sabe en torno al cerebro, las investigaciones sobre él siguen su camino. Esta misma semana se han hecho públicos los trabajos realizados por un grupo de investigadores estadounidenses: por primera vez se ha podido fotografiar el proceso de formación de la memoria. Avanzadas técnicas de visualización han permitido fotografiar el proceso de la memoria cuando se recuerdan palabras recientemente vistas. 

El estudio utilizó imágenes obtenidas por tomografía de emisión de positrones (PET), una técnica muy avanzada de rayos X. Estas investigaciones han confirmado que el hipotálamo, una parte interior del cerebro, tiene un papel fundamental en convertir los acontecimientos en recuerdos. Pero el descubrimiento más importante es que este proceso también tiene lugar en zonas insospechadas del cerebro. Ahora se podrá utilizar estas mismas técnicas para hacer un mapa completo del cerebro con la función de cada área, lo que tendrá importantes posibilidades clínicas. Algunas enfermedades, como por ejemplo la de Alzheimer, podrían ser precozmente detectadas.

31 octubre 2014

Nombres de niños que suenan a perro

Hay muchas razones para rechazar un nombre para un niño: que suene a perro, que tenga demasiadas letras, que sea demasiado pijo... Pero ¿cuáles serán los motivos de Victoria y David Beckham para hacer lo que han hecho?… ¿Cómo íbamos a imaginar que La Pija y Becks, tras elegir para sus hijos anteriores Brooklyn, Romeo y Cruz, podían ahora quedarse con Harper? Sí, Harper.

Puestos a imaginar motivos, se podría pensar que ha sido Harper Lee, la autora de la inolvidable Matar a un ruiseñor, la directa inspiradora. Bien. Pero, no conviene olvidar, que Harper, en la lengua de Shakespeare, vale tanto para una niña como para un chaval. En ese caso, tal vez, la pareja habría pensado en, por ejemplo, Harper Collins, el nombre de la editorial que allá en los años 20 publicó las obras de Mark Twain, Emily, Charlotte y Anne Brontë, Thackeray, Charles Dickens, John F. Kennedy o la propia autobiografía de Beckham.

Si todo lo anterior fuera cierto, además del buen gusto por la lectura de la pareja, convendría destacar un rasgo: la unisexualidad, como las peluquerías finas. No es descabellado pensar que la pareja más fashion-victim del universo haya dedicado todos sus esfuerzos a conseguir un perfecto equilibrio. Necesitaban un nombre ni muy femenino ni excesivamente masculino. A ser posible, sin connotaciones de clase, de tal modo que puedan moverse con libertad por la sociedad como extranjeros. Ni tradicional ni vanguardista, para que pueda alimentarlo con su propia personalidad y no al revés.

De algún modo, todo el mundo quiere que su nombre sea una tabla rasa. Lo cual puede ser susceptible de ser algo tan bueno como malo: algunos dirían que no hay nada más plano que Peter y Jane o, en esa misma línea, los nombres cortos y sencillos del confiado ser inglés: Ben, Sam, Emma, Will, Sarah. Lo que no es fácil es tener un nombre con resonancias pop. No puedes llamarte Kylie y moverte libremente por el mundo sin que la gente suponga ciertas cosas sobre ti, sobre tus padres y sobre tus intereses. Y ahora, tampoco vas a poder llamarte Harper. Ha dejado de ser neutral y ambiguo para convertirse en algo tan incómodo como unas bragas de esparto (por poner un ejemplo fácil e incómodo).

De poco importa que antes de la ocurrencia de Beckham y Victoria, Harper fuera un nombre en Inglaterra limpio. O que, para la gente medianamente leída, el nombre estuviera cargado de resonancias necesariamente gratas. Gratas por inolvidables. Cómo olvidar a Atticus Finch, el abogado al que Gregory Peck diera vida en pantalla en Matar a un ruiseñor. Definitivamente, a partir de ahora, ya nadie sentirá la más mínima necesidad de acordarse de Harper Lee al llamar a su hijo. Cargaremos con el castigo de recordar a otra Harper; esta Harper.

¿Y qué decir del segundo nombre de Harper Beckham? ¿Qué decir de Seven? Dicen que lo escogieron porque el crío pesó siete libras y 10 onzas (3 kilos), llegó a las 7:55 y nació en el séptimo mes. Además, obvio es recordarlo, ése es el número con el que padre saltaba al campo en sus tiempos de futbolista en el Manchester United y en la selección inglesa (no en el Real Madrid). Todo demasiado Beckham; todo demasiado posh (pijo).

24 octubre 2014

David y Victoria Beckham retozando

Todo el mundo recuerda su noche de bodas, pero muy pocos pueden revivirla sin recurrir a la fantasía. ¿Se imagina una tórrida escena de cama en el álbum nupcial o en un marco sobre la chimenea? Pues no se sorprenda tanto porque es el último grito (o el primero, según se mire) en el fastuoso negocio de las bodas. "Cada vez más parejas deciden inmortalizar ese momento especial y compartirlo con sus familiares y amigos", asegura un wedding manager de Barcelona. 

"No existe un perfil tipo de cliente. Hay de todo, desde ancianos que no concibieron la idea en su primer matrimonio, hasta desinhibidos tortolitos en busca de nuevas experiencias o de recuerdos imborrables", continúa. Por eso, los fotógrafos de BBC (léase Bodas, Bautizos y Comuniones) ya ofrecen todo tipo de servicios postboda a cuantos contrayentes se acercan por sus estudios. Las tradicionales instantáneas en las que la novia es arrojada a una fuente con el vestido y el novio se arranca el chaqué a jirones en una catarsis colectiva al más puro estilo de Las Vegas han quedado totalmente superadas.

A la fotógrafa italoamericana Michelle Jonné se le ocurrió la idea de su colección The Morning After (La mañana después) mientras hojeaba una revista en la que aparecían David y Victoria Beckham retozando para una publicidad de Armani. "¿Es que hay que ser Kate Moss o Jon Kortajarena para que a uno le fotografíen como es debido?", se queja. "Yo creo que no. Todo el mundo merece ser retratado como las celebrities de los magazines de moda, es decir, con profesionalidad y buen gusto", añade justificando su idea. Ni rastro de sexo explícito ni de exaltación etílica en sus instantáneas. "Sólo dos personas que se quieren en la intimidad de su casa o en la habitación de un lujoso hotel. Quede claro que se trata de fotos artísticas que no tienen absolutamente nada que ver con el porno", puntualiza.

Su primera serie, protagonizada por Inna & Dann, una pareja muy fogosa de Nueva Jersey, donde ella vive, transcurrió con total normalidad: "Algunos nervios al principio, muchas risas después y el televisor encendido con las Olimpiadas de fondo para relajar el ambiente", recuerda. El precio de la sesión (dependiendo de si dura entre una y tres horas) oscila entre los 500 y los 1.200 euros. "No sé si es caro o barato, pero le aseguro que tengo lista de espera…", se sincera la fotógrafa.

Sus paisanos Melissa Squires y Robert Evans, que también ofrecen el servicio, se mueven en las mismas tarifas. "Es pronto para saber si estamos ante una nueva tendencia o si obedece a un fenómeno pasajero, pero es algo que cada vez se demanda más en Estados Unidos", concede en cualquier caso Evans. Él se inició en la especialidad de una manera natural, quizá porque en California, donde tiene instalado su estudio, la gente es más abierta de mente. "Empiezas haciendo la típica boudoir y un día te ves con una pareja achuchándose delante de ti… ¿Voyeurismo? ¡Por supuesto! ¡El fotógrafo es voyeur por definición!", afirma.

Para el irlandés Edward Olive, ganador del Worldwide Photography Gala Awards 2011 en la categoría de bodas, el truco consiste en "insinuar más que en enseñar". Por eso, cuando fotografía noches de bodas, suele utilizar iluminación selectiva, desenfoques, mucho grano y película en blanco y negro: "Prefiero disparar en 35 milímetros más que en digital. No se trata tanto de captar el momento como de provocarlo, ¿me explico? No busco captar el orgasmo, sino la belleza del momento", señala. Olive acostumbra a trabajar con clientes de alto standing ("sobre todo me llama gente de la jet set de Marbella", confiesa sin soltar nombres) en condiciones de máxima confidencialidad: "Como comprenderá, no puedo dejar mi material en manos del encargado de revelado de la tienda de fotografía de la esquina. Sería demasiado peligroso", explica.

Sabedor de que más vale prevenir que lamentar, cada una de las instantáneas de sus noches de bodas se procesan en el laboratorio personal que tiene montado en su casa. "Soy un artesano, un fotógrafo de la vieja escuela", se justifica. ¿Quieren un precio? "No me gusta hablar de dinero, pero le diré que cobro menos que Mario Testino [100.000 euros/día]". Y antes de dar por zanjada nuestra conversación telefónica recomienda unas cuantas novelas rosas ("best seller en Suiza y Francia", asevera) que llevan en portada algunos de sus stylized shoots.

En España cada vez es más corriente contratar este tipo de servicios. Hace tiempo que el estudio Arte-Photo ofrece paquetes pre y post boda. Nada de posados ante monumentos emblemáticos con el atardecer de fondo ni Rolls Royce alejándose con el cordel de latas. Ahora lo que se lleva son casas abandonadas o vías de tren en mitad de la nada donde los prometidos pueden exprimir su fotogenia, o sacar todo el partido a sus atuendos combinando, por ejemplo, vestido de novia con unas zapatillas rosas o chaqué con un gorro de cowboy. Y en los últimos meses, y a pesar de los estragos de la crisis, también ha aumentado la demanda de sesiones privadas de alcoba. "La mayoría de las veces quieren dar un toque desenfadado a una boda que, por lo demás, suele ser bastante tradicional", cuenta José Antonio Alejo, dueño de la empresa.

La primera regla es que los recién casados se sientan cómodos: "Por muy exhibicionista que seas, nadie está acostumbrado a que lo apunten con seis cámaras ni a moverse entre focos y pantallas…", explica. La segunda regla es que no hay reglas: "He llegado a desnudarme yo mismo para que los novios se sintieran más relajados. Son gajes del oficio a los que uno se termina acostumbrando", reconoce Alejo. Aunque antes de desenfundar la cámara siempre resuelve la letra pequeña de los derechos de imagen, las parejas no suelen pasar de los besos y las caricias. Un álbum de entre 20 y 30 fotos le lleva no más de tres horas de trabajo, y cuesta alrededor de 400 euros, dependiendo de la localización: "Me interesa lo sexy, picante y glamuroso. Enseñar sin mostrar. Porque, como decía Churchill, las estadísticas y los biquinis siempre ocultan lo esencial", concluye.

El fotógrafo Mario Orellana tiene su estudio en el madrileño barrio de Chueca, coto vedado a los complejos, el pudor y el miedo a los objetivos: "Es bastante habitual que en las bodas gays los cónyuges se regalen books muy íntimos, pero cada vez más parejas heterosexuales se animan a inmortalizar su primer encuentro de casados", afirma. ¿El placer de sentirse observado? "Hay de todo, pero en general les preocupa más que las fotos tengan calidad profesional que de dar rienda a su pasión. Eso viene después", responde. En su página web Orellana no tiene colgada ninguna serie post-boda. "Son fotos tan personales que en el momento en que las entrego es como si no me pertenecieran".