04 mayo 2015

Hay más hombres en el espacio que nunca

Durante esta semana ha habido «overbooking» en el espacio. Doce seres humanos han coincidido en la órbita terrestre. Para este fin de semana se espera que bajen tres de los tripulantes de la estación soviética «Mir», donde todavía permanecerán otros dos. Los siete tripulantes de la norteamericana «Columbia» continúan desarrollando aún investigaciones astrofísicas y tienen previsto su regreso para el día próximo día 11. 

Una docena de astronautas trabajando en el espacio, cifra nunca alcanzada, más la primera misión comercial soviética, consistente en poner en órbita un periodista japonés por 1.000 millones de pesetas, han hecho que estos siete días sean particularmente memorable para la astronaútica mundial: el espacio cercano es cada vez más accesible. El pasado 2 de diciembre, casi de forma simultánea, salían al espacio dos naves terrestres. A las 7.30 hora española,) la «Lanzadera» norteamericana) «Columbia» se elevaba sobre Cabo Cañaveral, en la costa de Florida. 

Poco después, desde Baikonur, en el Asia Central Soviética, la nave «Soyuz TM-11» era propulsada hacia la estación espacial «Mir». Su misión era transportar a la tripulación qué sustituiría a Gennadi Manakov y Gennadi Strekalov, que ya llevan seis meses en órbita. Los nuevos habitantes de la estación serán Viktor Afanasiev y Musa Manarov (quien tiene en su haber ! el récord de permanencia en el' espacio, 366 días).

Esta sería una misión rutinaria de no ser por el tercer tripulante de la nave, Toyehiro Akiiyama, en quien se reúnen el honor de ser el primer japonés y el primer periodista que visita el espacio. La presencia del periodista nipón abre una nueva etapa en el programa espacial soviético. Se trata del primer vuelo comercial realizado por la URSS, financiado por el principal canal televisivo japonés, la TBS, que ha pagado 10 millones de dólares (aproximadamente unos 900 millones de pesetas). 

Otras firmas niponas han aportado otro millón y medio de dólares a cambio de incluir publicidad en el fuselaje del cohete lanzador. Akiyama es redactor jefe de la sección de internacional de TBS y hasta el año pasado fumaba hasta 80 cigarrillos diarios. Escogido entre 136 aspirantes de la plantilla de TBS, sus actividades se han dividido entre el cuidado de seis pequeñas ranas arborícolas y la emisión de un programa televisivo en directo diario y dos transmisiones de radio de veinte minutos cada uno. 

Como cada hora de su permanencia en el espacio le ha costado a su empresa unos 6 millones de pesetas, incluso durante el sueño se le ha sometido a experimentos diseñados para estudiar alteraciones en su respiración y ondas cerebrales. La «Mir» es una estación espacial permanente, una especie de «portanaves» espacial. Su estructura es modular y se le van incorporando secciones a medida que se hacen necesarios. Recientemente, un- accidente hizo que una de las esclusas de salida al exterior se estropeara e impidiendo su abertura. 

Entre las misiones del vuelo estuvieron transportar el material necesario para arreglarla mediante una salida al espacio. Por su parte, la «Columbia» realiza su décima salida al espacio, repetidamente aplazada debido a la existencia de fugas de combustibles en sus motores. En su interior vuela «Astro 01», nombre genérico de un grupo de telescopios que . realizan su trabajo desde el interior de la nave, que mantendrá sus portones abiertos.

Desde este privilegiado observatorio, a 360 kilómetros de altura, se lleva a cabo un trabajo imposible de hacer desde tierra. Para los astrónomos, observar el cielo sólo con la luz de la tierra equivale a mirar un cuadro del que sólo nos mostraran un color. 

El resto de los «colores» (radiaciones electromagnéticas) son absorbidos por la atmósfera terrestre, por lo que se hace necesario realizar observaciones orbitales. La misión de «Astro 01» consiste en añadir dos nuevos «colores» a la visión científica: el ultravioleta (para lo que transporta tres telescopios) y los rayos X (un telescopio). Con estos aparatos, los astrónomos pretenden realizar observaciones del Sistema Solar y estudiar en profundidad uno de los brazos espirales de la Vía Láctea, analizando diversos tipos de estrellas. 

El telescopio de rayos X observará en particular el «cadáver» de una estrella que estalló en 1987 en una galaxia cercana, la famosa «Supernova 1987A». Otras áreas de estudio incluyen estrellas de neutrones y cuasares. En total, completarán 80 horas de observaciones. 

También se ha llevado a cabo una experiencia inédita: la retransmisión de una lección de astronomía impartida por los científicos a bordo del Columbia a diversos centros de la NASA en los EEUU. Los alumnos participaron en la lección y pudieron hacer preguntas en directo a los astronautas.

27 abril 2015

David Bowie es sólo un recuerdo

Volvió otra vez y volvieron las nostalgias. ¿Qué es hoy David Bowie? La imagen de un deseo o un recuerdo simplemente. El nunca tuvo el tirón tumultuoso de los Stones, Bowie no era la furia, sino el refinamiento. Fue un dandy del rock'nd roll. Pero al tiempo, un rockero de ley. Es decir, no sólo alguien que mueve la pelvis, agitadamente, al ritmo de un son estridente, atractivo y sin copado, sino alguien -además- cuyos mensajes buscan arrastrar, encandilar, subvertir. Un rockero no es un nene tontito que gusta a quinceañeras pavisosas; es un rebelde, ama lo distinto, lo arriesgado, lo transgresor. No cree en este mundo, apuesta por el Mal de los románticos, por el Satán de Baudelaire. 

El rockero es angel caído, muchacho inconformista, quiere cambios, invoca fantasías, se mueve por un universo que no comprende, y por eso se desespera y grita y sueña, imaginando paraísos, pasmos que no - son de aquí. Así fue Bowie: apostador a lo extremo. Ambiguo, exquisito, ser que parecía nacido en otra galaxia (labios pintados, mirada fría, ojos con rímel) porque en este planeta no era feliz. ¿Qué es hoy Bowie, qué son los Stones? Quizá un timbrazo de alarma. Madonna -nos dicen- no es en absoluto rock'nd roll. ¿Y qué decir de Los Ronaldos o los Hombres G.? 

Muchos rockeritos de hoy nos recuerdan el título de una, canción de Bowie, Hijas de la era silenciosa. Ni alarma, ni protesta, ni incendio, ni perturbación. Vagos sueños sólo en una dulce complacencia con lo que hay. Y si Bowie -por edad- ya no es el rey ¿quién lo es? ¿Jackson, Prince? El rockero real se agita en lo alto de una montaña, clama, protesta, pretende estrellas, no está conforme con la planificación. Heterodoxo, raro, contestatario, peleador, el rockero saca la lengua, reluce, zahiere. Es como un gran rubí morado. Atrae con su fulgor oscuro, nos invita al lado salvaje, nos pide el gran no, la negación de los sabios y de los idealistas. El rockero es un soñador con sexo. 

Un chamán invocando prodigios. Un maravilloso loco de la vida. ¿Quién se sienta hoy en el trono de Bowie, incluso en el turbio sitial de Lou Reed? El rockero no come heladitos de fresa. Pertenece su gesto a la progenie del dragón.

20 abril 2015

Comienza el año 1

Lo he leído y, de repente, se me ha pasado el miedo. Su imagen se ha impuesto con nitidez inmediata a otras claves, otros símbolos, el hada del sombrero gris que raptó de la siempre morbosa curiosidad pública el dolor impreso como un estigma sobre el rostro de Thomas Mann, amado mío, amado que partió hacia el exilio tantos años antes de que yo naciera, y la menuda silueta de un niño rubio, solo y desarrapado en el infierno, su hambre y su miedo subrayados por la desnudez de los cascotes que alfombraban una ciudad fantasma, ante la cámara del italiano que bautizó el desastre con una cifra absoluta, fecha imposible y preñada por eso de la esperanza infinita que bendice todo lo que no ha empezado todavía. 

El sábado pasado, en Berlín, un grupo de hombres jóvenes, disfrazados con enormes trajes oscuros, inmaculadas camisas blancas de cuello duro, y corbatas atrozmente estampadas, caminaba portando entre las manos ridículos ramos de flores lacias que se intercambiaban con gestos solemnes de tanto en tanto, deteniéndose en una esquina para besarse tres veces, en mejillas alternas. Los espectadores de la parodia se mataban de risa. Yo sonreí también, y sentí que, de repente, se me había pasado el miedo. Me acordé del «Tiro al Líder», donde, por un módico precio -un duro, cinco duros, ya no me acuerdo, podías atizarle impunemente un pelotazo en plena cara a Fraga, o a Suárez, o a Felipe, al que tu quisieras, por obra y gracia de la CNT, que instalaba el tenderete en todos sus mítines, allá por los tiempos heróicos que se fueron para no volver. 

Y por eso, porque no volverán, me acordé luego de una escena muy distinta, la Praga del 68, donde las muchachas checas esperaban a los tanques en las aceras para desabrocharse las blusas y tentar con sus escotes a los soldados rusos, que, presos aún en un eterno servicio militar, las miraban y sonreían, olvidándose de los manifestantes que se dispersaban ante sus propias narices. Hasta que les embistieron y los mataron como a animales, y su sangre salpicó a el mundo. Me he acordado, y he vuelto a tener miedo, y he decidido que no quiero volver a saber, a pensar, a escribir sobre todo esto.

13 abril 2015

En España no se equivoca nunca nadie

Habrán notado ustedes que en este país nadie se equivoca. Ni los médicos que operan el tobillo izquierdo en vez del derecho, ni los abogados que dejan pasar los plazos de reclamación, ni el Gobierno, por supuesto, ni la oposición (porque no existe), ni los críticos literarios. Para la edición de un libro que recopila grandes errores críticos me pasaron una ristra de citas emblemáticas al respecto. 

Daba pavor ir pasando los folios y ver cómo Voltaire llama bárbara y vulgar a la obra de Shakespeare, cómo Gertrude Stein descalifica a Ezra Pound o cómo Samuel T. Coleridge acusa de plagio al creador del Paraíso Perdido. Cuando me puse a buscar materiales semejantes de la literatura española, más que equivocaciones encontré envidias, rencores y puñaladas de papel. En nuestra crítica no abundan los errores de Juicio. Y no es nada extraño, pues ya hemos dicho que en este país nadie se equivoca. Al fin y al cabo, toda la culpa de la desgracia histórica de la Armada Invencible recayó sobre un servicio de meteorología que estaba por inventar. Y es que equivocarse no es tan fácil como parece. 

Se requiere al menos dos cualidades: juicio y valor, y la crítica española no anda muy sobrada ni de lo uno ni de lo otro. El,juicio exige tener criterios y en este pais se disculpa su ausencia con el rollo de que los criterios son prejuicios. Se reivindica así una imposible lectura inocente que justifica la puesta en papel impreso de todas las tonterías del mundo. Se rechazan los criterios y se ensalza el gusto como si éste pudiese existir sin aquéllos. Hace poco, un columnista venía a decir que esto de la literatura y la crítica era como la gastronomía: a unos les gustan las patatas fritas y a otros no. 

Por lo visto se olvidaba de que además del gusto existe la posibilidad de que las patatas estén crudas o refritas. Tan crudas como La isla inaudita, de Eduardo Mendoza, o tan refritas como Bella del Señor, de Albert Cohen. Cabe, por supuesto, la sospecha de que alguien las prefiera de esa guisa y, por eso, sería necesario que el critico tuviera, por lo menos, ligeras nociones sobre la historia del gusto. Pero es más cómodo decir una tontería que leerse Lo crudo y lo cocido, de LéviStrauss, o esforzarse en ver la estética -visión del mundo- que incorpora cada obra. Pero la verdad es que hoy tener o intentar tener criterios es algo peligroso. Todos nos hemos vuelto liberales y liberalismo a la española ha resultado ser un escepticismo de carbonero. Optar por algo se lee hoy como síntoma de dogmatismo y aquí el único dogmatismo que tiene buena prensa y suelo es el oportunismo. 

Si a alguien le llaman que se eche a temblar: tiene los, días contados. Y si no se opta por nada, el valor es algo innecesario. La cobardía se disfraza de información objetiva. La prudencia frente al mercado se presenta como tolerancia estética y la ética profesional se trasvasa en encomiado profesionalismo cuando se trata de cobrar nómina de una editorial. Aquí se carga uno a Eco porque, entre otras cosas, queda bien y encima no le pasa a uno nada, y se entroniza a Jünger porque ya se sabe que las ideologías nada tienen que ver con la escritura. Mientras ojeaba aquel rosario de errores, me di cuenta de que en el riesgo estaba la gloria de la crítica. La miseria es haber elegido no equivocarse nunca.

06 abril 2015

Testimonios de la posguerra

Igual que La colmena de Cela más de veinte años antes, Si te dicen que caí de Marsé no podía aparecer sino fuera de España, merced al premio de la mexicana editorial Novaro en 1973. En el jurado, con el español Angel María de Lera, el mexicano Revueltas y el colombiano Otero Silva, el peruano Mario Vargas Llosa, que en 1966 figuraba entre los otorgantes al mismo escritor del no menos resonante barcelonés Biblioteca Breve por Ultimas tardes con Teresa. Tan afín a Marsé con su La ciudad y los perros y otras, escribió del caso: «Una explosión sarcástica en la novela española.» Dionisio Ridruejo, coautor que fuera del himno del que paródicamente extrae Marsé el verso de su título, en prologal artículo a una de las reediciones de Si te dicen que caí afirma que no es tan satírico y sí compasivo. 

Para los lectores de hoy es ya casi inidentificable el referente de este título sin acceder al testimonio impreso u oral. Claro es que al cabo de varias ediciones, la nueva que hoy tenemos en las manos se autotestimonia, autoreferencia. Y apoya a nuevos utilizadores del esfumado himno, tal como seguramente ocurrirá, habrá ocurrido con Volverá a reir la primavera, con que el poeta Antonio Hernández titula la flamante salida confirmadora de su nueva mano de narrador. Si te dicen que caí, en versión corregida y definitiva, sale justamente cuando llega a la pantalla la cinematográfica que ha dirigido Vicente Aranda. 

Como portada, un fotograma de la película. El texto arrebatado y presuroso de la inspiración no pudo ser corregido en las pruebas mexicanas y negligido en las sucesivas españolas. Erratas, oraciones desmañadas. Pero sobre todo, se trataba de «arrojar un poco más de luz sobre algunas encrucijadas de una narrativa compleja y ensimismada», aunque le conviniera -«confusa la historia y clara la pena»- mantener la penumbra que envuelve a muchos pasajes. Relato de búsqueda, de trama casi policial: el «complot» que un personaje dice en la búsqueda de una desdichada y misteriosa mujer; la lucha reemprendida y definitivo caer de aquellos desnortados resistentes -de hierro y soñadores como niños cantados en la frase final. Elegía y lirismo desolado de evocar los pobres maltratados por la posguerra en aquel barrio desaparecido de Barcelona, sus furiosos muchachos «que participaron -dice Marsé- conmigo, la calles leprosas, los juegos atroces, el miedo, el hambre, el frío...» 

Comienza la corrección con un cierto impulso de reescribir, tal vez y con parecido resultado -pues de un clásico se trata aunque sea él mismo, al del rescriptor del Quijote. Mas no todo es transcripción inesquivable. Ya en la primera página queda en «aullido azul» lo que fue «aullido azul de la verdad». No aclara mucho. Tampoco la precisión topográfica, políticourbana ya desconsabida también. Pero el trabajo se va haciendo con supresiones, añadidos y recomposiciones de estructura hasta ofrecer con el cotejo un interés añadido para el curioso y cardenalicio bocado -repaso de materiales lingüísticos, sociológicos, históricos, estilísticos del crítico textual. 

Quizá la película aclare más simplificando el difícil seguimiento argumental -que ha irritado o exaltado a varios críticos-; la maraña perdida en el narrar clou, las «aventis» del narrar de los muchachos en el que participan el autor explícito y el implícito. No sé si predominando el no querido pero inevitable mensaje del compromiso o la grandeza natural del cruel y tierno, cenagoso y radiante poema de amor, de consumación y de muerte que el libro es.

30 marzo 2015

La gente prefiere que se la coman los gusanos antes que incinerarse

Japón: 95%. Gran Bretaña: 68%. Suecia: 58%. Nueva Zelanda: 54%. Madrid: sólo siete de cada 100 muertos son incinerados. «Todavía hay mucha prevención contra el tema, pero poco a poco se van convenciendo de que es el método más sencillo y el más higiénico». Pilar Zaragoza, vicesecretaria de la Asociación Crematoria Madrileña, ve con buenos ojos el futuro de la cremación. 

Luisa Juanola, presidenta de esta singular asociación de 199 afiliados y diez años de vida, recuerda que a principios de los setenta hubo que quemar en una pira de leña a un diplomático hindú porque no había crematorio en Madrid. El primero de los tres hornos que funcionan en La Almudena se abrió en 1973 «por Si surgía la demanda de algún extranjero». En 1981 se incineraron en Madrid 153 cadáveres. Tres años más tarde eran ya 583. El año pasado estuvo a punto de llegarse a los 2.000. Los tiempos están cambiado, y el miedo al fuego ha ido remitiendo. 

Según una reciente encuesta realizada por la Empresa de Servicios Funerarios, el 42% de los madrileños prefieren la cremación antes que la sepultura perpetua (24%), el panteón familiar (17%) o el nicho (7%). El 34% piensa que la cremación es la fórmula más económica y el 71% que es la más higiénica. De momento, la cremación está subvencionada y cuesta poco más de 4.000 pesetas, aparte de la caja y del traslado del féretro. Razones a favor y en contra hay para todos los gustos: «Enterrar es dejárselo a los gusanos, y eso para mí es mucho más desagradable». 

«¿A usted le gustaría que a su hermano, una vez muerto, le abrieran en canal. Pues lo mismo». «Una vez que muere una persona se lleva en la mente el recuerdo; lo demás son cosas superfluas». «Para mí sería espantoso quemar a mi propia madre, aunque esté muerta». «Es un espectáculo bonito, si vale la palabra. Es algo muy aséptico... Dejan el féretro en un escenario con cortinillas y una luz. Hay una señorita muy maja que dice que si alguien quiere decir algunas palabras y se oye una música muy dulce». «A mí, una vez muerta, que me quemen o que me tiren al cubo de la basura. Pero, ¡Por Dios! A mis hijos que no les toquen». «Tú no estás quemando a tu persona querida; a tu persona querida te la quedas tú». 

En la asociación crematoria de la capital madrileña lo tienen muy claro, y desde su modesta sede de la Funeraria están empeñados en extender sus tentáculos por toda España. Su doctrina queda bien patente en boca de Luisa Juanola: «Rindamos culto a nuestros difuntos, pero hagámoslo en nuestros corazones y dejemos la tierra para los vivos. Que en lugar de cementerios tristes y deprimentes haya parques donde los niños corran».

09 diciembre 2014

Cupón descuento CARREFOUR online

La libertad de descuento en los precios de los libros de texto, aprobada por el Gobierno en junio pasado dentro del paquete de medidas liberalizadoras, ya se ha empezado a notar.

Carrefour que ahora anda ofreciendo cupones de descuento online Carrefour para su clientela internauta y Alcampo venden desde hace unos días los textos de enseñanza primaria y secundaria para el curso que viene con unos descuentos del 25%.

El Corte Inglés realiza una rebaja del 15% sobre su precio. Teniendo en cuenta que cada padre de familia se gasta unos 300€ por hijo, el ahorro puede ser considerable: unos 850€, una suma no desdeñable para las economías más modestas.

La liberalización de los descuentos ha suscitado la oposición de las pequeñas librerías, utilizadas como punta de lanza por las dos grandes editoriales que dominan el sector. Es lógico que cada uno defienda sus intereses, pero el Gobierno tiene que tener en cuenta los de la mayoría. Y, en este caso, la mayoría son los tres millones de familias que tienen niños en edad escolar. 

Sus derechos ya fueron avalados por el Tribunal de Defensa de la Competencia, que, en un informe de hace tres años, pedía al Gobierno que se eliminaran los topes máximos de los descuentos, que hasta junio eran del 12%. Las asociaciones de padres de familia también se habían manifestado a favor de la libertad de descuentos, rechazando el sistema de precio fijo que existía hasta 2015. 

Los hechos están dando a la razón a quienes defendían -entre ellos- la necesidad de liberalizar los precios como vía para abaratar el material escolar, que en muchos países europeos es gratuito en la enseñanza pública, algo de lo que somos fervientes partidarios.