12 abril 2017

El declive de CSI

Renovarse o morir, y CSI no quiere agacharse a analizar su propio cadáver. La serie de los forenses ha decidido relevar a su protagonista de la edición de Las Vegas por segunda vez en menos de tres años. Ted Danson, conocido por servir cervezas en Cheers, tomará próximamente muestras en asesinatos: es el recambio de Laurence Fishburne, quien a su vez sustituyó a William Petersen, Grissom en el imaginario de los espectadores pese a su huida para evitar el encasillamiento.

Las grandes series se resisten a perder a sus grandes estrellas. Y, si sucede lo peor, continúan sin ellas: la audiencia manda. Así ha ocurrido en Dos hombres y medio, también de la cadena norteamericana CBS y serie más seguida de EEUU. La ristra de escándalos encadenada por Charlie Sheen provocó que prescindieran del actor mejor pagado de la ficción seriada norteamericana para que se incorpore Ashton Kutcher, si bien no queda claro cómo lo trenzarán en la trama: el protagonista fallecerá y, según barajan los guionistas, el nuevo personaje comprará su casa y, de paso, hospedará al resto de personajes.

Soltero, vividor y de nombre Charlie, el papel resulta intransferible, como casi siempre que se apuesta por el reemplazo. Precisamente Sheen entró en la comedia Sin City cuando el parkinson comenzaba a influir en Michael J. Fox. Por su parte, Farrah Fawcett dejó Los ángeles de Charlie tras una única temporada, más exitosa que la prometedora carrera que entreveía. Cheryl Ladd llegó en su lugar, aunque como una agente distinta.

Urgencias sobrevivió a la salida de Doug Ross, encarnado por George Clooney cuando todavía podía andar por la calle sin el asedio de los fans. En España, Sin tetas no hay paraíso y Aída se atrevieron a permanecer en antena -aunque con suerte desigual- sin El Duque (Miguel Ángel Silvestre) y Aída (Carmen Machi), respectivamente. Aída había surgido a su vez como spin off de Siete vidas, ficción especializada en encontrar sustitutos a sus bajas, del mismo modo que Hospital Central.

En ocasiones, productoras y cadenas van más allá: se resignan al actor, pero no al personaje. Vivian Banks, tía del príncipe de Bel-Air, fue interpretada por Janet Hubert y Daphne Maxwell Reid, a pesar del escaso parecido físico entre ambas actrices. Igualmente, tanto Jo Marie Payton como Judyann Elder figuraron en Cosas de casa como Harriette Winslow, sufrida vecina del patoso Steve Urkel (Jaleel White).

El año pasado, Pilar Punzano sustituyó a Irene Visedo en Cuéntame: jóvenes y de pelo negro pero lo suficientemente distintas como para que el público se percatara del cambiazo. Al menos, la longeva ficción de TVE no recurrió a giros de guión insólitos que la televisión española ha llegado a utilizar: en ¡Ala...Dina! la magia permitió el cambio de cuerpo de Paz Padilla a Miriam Díaz Aroca, y en Hermanos de leche Juan Echanove se convirtió en el Gran Wyoming tras someterse a una operación de cirugía.

31 marzo 2017

Maribel Verdú es una marrana

Es una de las actrices más respetadas y con una de las carreras más sólidas del cine español. Más de 60 películas nacionales e internacionales, teatro y televisión salpican un currículo también cuajado de premios. Sencilla, tímida ante los extraños, hogareña y muy amiga de sus amigos, Maribel Verdú (Madrid, 1970) prepara algunos sorpendentes proyectos, como su papel de madrastra en el largometraje Blancanieves.

Comenzó desde muy pequeña rodando anuncios publiciarios, ¿cómo fué aquella experiencia?
Mi madre es gallega y hacía desfiles para las boutiques de moda de allí. Yo me probaba siempre su ropa, ¡me encantaba ese mundo! Así que un día me metí en una agencia de modelos para sacarme un poco de dinero mientras estudiaba. Hice anuncios de televisión para La Casera, Carbonell... Me acuerdo que me pagaban en aquel entonces ¡30.000 pesetas! a los tres meses de haberlos rodado.

¿Cuándo decidió dar el salto profesional?
Cuando hice El crimen del Capitán Sánchez, de la serie de televisión La huella del crimen. Es cuando sentí que quería dedicarme al cine y les pregunté a mis compañeros cuál era el siguiente paso y me dijeron que lo primero que tenía que hacer era buscarme un representante. Llamé a todos los representantes habidos y por haber y nadie quería una niña con los dientes así... (risas), con trenzas... Al último creo que le di tanta pena que me dijo: "¡Venga, va..!" ¡He estado 20 años con él!

¿Porqué su papel en Amantes, de Vicente Aranda, marcó un antes y un después en su carrera?
Era mona, jovencita, con tetas y parecía que eso estaba por encima de todo lo demás... En Amantes, sin embargo, tuve el primer papel en el que sentí que me daban la oportunidad de demostrar que había algo más detrás y eso obviamente fue una suerte. Fue una película que tuvo mucho reconocimiento de crítica y público... Por primera vez sentí que me veían como una actriz de verdad.
¿Le ha llegado el momento en el que ha dicho "ya está, lo he conseguido" o todavía no?
Sí, sí, ya está. Ya estoy muy tranquila con todo. Ya he demostrado cosas en esta vida… Y no soy nada ambiciosa, nada. He tenido el reconocimiento y me siento querida en mi profesión y querida por la gente. Hago también para ello, soy una persona que intento llevarme bien con la gente, crear buen rollo a mi alrededor.

¿Se ha arrepentido de dejar pasar alguna oportunidad?
He perdido oportunidades, pero nunca me he arrepentido. Creo que las cosas llegan cuando tienen que llegar, sin forzarlas. Además, no soy inconformista; bueno, sólo en buscar la felicidad y en estar bien y en que la gente a mi alrededor esté bien, pero no en el sentido de ambición profesional.
Tiene una carrera extensísima y ha trabajado con los mejores directores, ¿qué hace que un director sea bueno para un actor?
Pues cuando te sacan cosas que tú no sabías que tenías… Esos directores que saben, sin ser pretenciosos, sacarte cosas que tú desconocías que estaban dentro de ti... Esos son los grandes.
Dígame alguno...
Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Fernando Trueba… No sé... Se me van a quedar muchos en el tintero y es muy injusto.

¿Idealizamos demasiado el cine estadounidense?
Sí, aquí siempre pasa eso. Fuera estamos bien considerados, pero nosotros creemos que lo de fuera es lo mejor; y nuestro cine no tiene nada que envidiar al de otros países.

Ha estado en la ceremonia de los Oscar varias veces, ¿qué tal la experiencia?
Las tres veces que estuve, al terminar la ceremonia, me fui directa al hotel. No fui a la fiesta del gobernador, ni a ninguna fiesta… Es que me daba mucha pereza, aparentemente soy muy sociable pero no es real... (risas). Estar con gente que no conozco es de las cosas que peor llevo en este trabajo...

¿Próximos proyectos?
Empiezo una película, Estrellas fugaces; después ruedo Blancanieves, donde haré de madrastra. Tengo otra película de género que me hace mucha ilusión, porque nunca he hecho nada así. Y a finales de año volveré al teatro con mi querida amiga Aitana Sánchez-Gijón.
¿Cine, teatro o televisión?
El teatro es mi gran pasión. Lo que te da el teatro no te lo da ningún otro medio. Yo siempre pongo un ejemplo: si mañana Jeremy Irons estrena película y a la vez lo puedes ir a ver al teatro, ¿con qué te quedarías? Claramente, yo iría al teatro a verlo en directo. Es un momento único... ¡Es tan alucinante!

Muchas actrices se quejan de que las encasillan, usted no...
Yo he hecho mucho de todo... todo tipo de papeles. Además, lo del encasillamiento no es cierto. A ti te mandan proyectos y eres tú la que elijes cual sí y cuál no.
¿Condisera importante en su profesion dar buena imagen?

Sí, sí, para mí es muy importante. Ya le dije antes que siempre me ha gustado mucho la moda, mis hermanas tienen una tienda en Benidorm, que se llama Mverdu, y cuando voy a verlas, las saqueo…
¿Es difícil compaginar trabajo y vida privada?
Mi marido y yo lo llevamos muy bien. Gracias a Dios, él no es abogado ni nada parecido… Es productor de teatro y puede viajar conmigo.

¿La receta para 12 felices años de matrimonio?
No existe competitividad entre nosotros; me hace sentir siempre como una princesa, me siento muy bien a su lado. Y siempre que podemos estamos juntos, nos necesitamos.

11 marzo 2017

El traumatólogo del rey

Su día a día transcurre entre quirófanos y pacientes, entre consultas y un permanente reciclaje profesional para ir siempre un paso por delante en su profesión. Apenas cuatro horas diarias de sueño le bastan a Ángel Villamor (Madrid, 1965) para mantener la actividad desbordante que desarrolla al frente de la madrileña Clínica iQtra, centro de referencia internacional en el tratamiento de las enfermedades del aparato locomotoTal vez por eso uno se le imagine siempre con una radiografía en una mano y con una prótesis en la otra; tal vez por eso resulte sorprendente verle colocarse con soltura un arnés y ponerse a escalar con asombrosa agilidad.

Pero todo tiene su lógica: la pasión por el deporte del doctor Villamor fue el motor que le impulsó a ejercer la traumatología deportiva, especialidad en la que se ha labrado una sólida reputación dentro y fuera de España, y que le ha llevado a reparar las articulaciones de los más afamados motoristas y toreros, además de a miles de enfermos desconocidos. 

Y en la escalada, una afición que le ha aupado a las cimas más destacadas de Picos de Europa, Pirineos, Alpes y Atlas, encuentra numerosas similitudes con su especialidad: "Así como antes de escalar nos documentamos y preparamos minuciosamente la ruta y la vía que seguiremos para saber cada paso que vamos a dar el día del ascenso, también las cirugías las preparo de un modo similaMe despierto de madrugada cada día, y leo y preopero mentalmente cada caso del día siguiente. Reviso las pruebas diagnósticas y repaso la historia, visualizo el abordaje quirúrgico y lo que mi equipo y yo vamos a encontrarnos durante la realización de la operación, preveo las posibles dificultades antes de que ocurran. Al igual que en la escalada, cada cirugía ha sido previamente preparada para intentar minimizar el factor sorpresa al máximo".

Un factor sorpresa cuya sombra siempre está ahí…
Exacto. Debes estar preparado, en la escalada y en la cirugía, para ser capaz de actuar ante un imprevisto. Te has marcado una ruta, pero tienes que tener la habilidad y el conocimiento para, si las cosas se tuercen, cambiarla. Tan importante es procurar tener perfectamente estudiada la ruta, con el material correcto y la preparación necesaria, como ser capaz de manejar lo inesperado.

Habla del material correcto, ¿hasta qué punto es importante?
Siguiendo con el símil, en la escalada el material es muy importante porque le confías tu vida y debes revisar cada pequeña pieza que te acompaña. Así hacemos también con el material quirúrgico con que trabajamos: colaboramos activamente con los laboratorios que investigan y mejoran estos materiales y las prótesis. Por ejemplo, uno de los laboratorios norteamericanos más relevantes del mercado está interesado en que seamos pioneros en el uso de las últimas novedades protésicas.
A usted le gusta abrir nuevas rutas en su especialidad...
Uno no se puede quedar en lo que aprendió en la universidad o en lo que ve con los pacientes. Hay que ir más allá. Con el tiempo, el mejor premio ha sido un crecimiento exponencial en el número de pacientes y habernos convertido en un centro de referencia para ir asumiendo cada vez casos más complejos, de pacientes que te vienen desesperados porque no les dan una solución. Eso te obliga a estar absolutamente al día.

¿Dónde aprende?
Mi maestro, el profesor Vilarrubias, me decía cuando yo estaba haciendo la especialidad: 'Angelito, vete a ver esta técnica a este sitio'. Y yo llegaba con cara de bueno, aprendía, absorbía las técnicas y me las traía casi de espionaje. Y con eso he seguido. A las cuatro de la mañana me levanto y me pongo a estudiar.
¿A las cuatro de la mañana?
Sí, hace tiempo que apenas duermo cuatro horas al día.
Pero, ¿por qué? ¿No es un tanto obsesivo?
Es que a esa hora se me despierta la cabeza y ya no puedo dormiY hubo un día, hace ya bastantes años, en el que decidí saltar de la cama y aprovechar ese momento para, además de preparar las cirugías, leer y ponerme al día. No puedo simplemente ver pacientes, tengo que aprendeY en cuanto leo que alguien hace algo distinto, algo mejor, le llamo para ver si acepta que pase una temporada con él aprendiendo la técnica, el detalle.

Supongo que serán matices, pequeñas cosas…
Claro, esto es una ciencia muy responsable, no es previsible que se produzca un cambio abismal de un día para otro. A lo que vamos es al detalle, a esa pequeña innovación que, como en la escalada, te va a permitir ser exquisito y evitar complicaciones.
Pero en la escalada uno lleva arnés, y en la cirugía no…
Sí lo llevo: la confianza en mi equipo, bien formado y perfectamente coordinado y entrenado. La vasta experiencia de todos estos años nos ha permitido que se establezca una compenetración y apoyo mutuo con los que los casos sencillos lo parecen aún más, y los momentos difíciles de una cirugía los sorteamos unidos, hablando el mismo lenguaje, a veces silencioso y con absoluta seguridad. Ese es mi arnés.
¿Y no le da vértigo cada vez que abre una nueva vía, cada vez que pone en marcha una técnica novedosa?
Da vértigo todos los días, todos, no solo cuando estás ante un caso complejo. Cada día tienes delante un paciente que se te está entregando. Y me gusta siempre hablar con él antes de la cirugía y darle un beso. Es algo que les choca muchísimo. Pero en ese gesto, con el que pretendo darle tranquilidad y cercanía, me conciencio de que me estoy asomando al abismo.
Porque siempre hay una persona detrás de esa articulación enferma…
Es así. El vértigo de cada cirugía es único. Hay que tener una atención constante y conocer al detalle las peculiaridades de esa persona en concreto, porque cada paciente es distinto.

¿Qué es la cosa más rara que ha tenido que hacer?
Es difícil de decir, muy difícil. [Permanece unos segundos en silencio]. He operado a deportistas de élite, he trabajado muchísimo la innovación, he hecho cirugías verdaderamente complejas de pacientes a los que se daba por perdidos… Pero lo más tremendo son las cirugías infantiles, sobre todo por el vértigo que te da el pensar que estás decidiendo la vida que va a llevar ese niño a partir de tu trabajo. Malformaciones congénitas, padres que vienen para ver si tú puedes conseguir que camine… En esos momentos, el beso que les doy es algo verdaderamente especial.
La innovación es el sello de su casa. ¿Le ha granjeado reticencias o celos de otros colegas que, digamos, no están tan al día de las últimas técnicas?
No creo, no creo. Siempre pueden surgir ideas románticas como las de un Galileo perseguido por la Inquisición porque era un visionario… Pero no: estamos en pleno siglo XXI y no creo que haya tantas envidias profesionales que cuestionen la innovación. La comunicación es hoy tan global, tan fácil, que estamos todos con los ojos muy abiertos a los que hacen los demás.

No me diga que no hay algún que otro recelo entre médicos porque los pacientes les piden que les hagan lo mismo que han leído que ha hecho Villamor…
Mira, de verdad, te digo una cosa: en los últimos años, la medicina española se ha ido haciendo más responsable, los profesionales han ido dejando de lado esos, digamos, instintos, y se nos respeta muchísimo en el extranjero. Por ejemplo, el año pasado fui director del Curso Práctico de Cirugía Artroscópica de Cadera de CONMED-Linvatec, celebrado en Fráncfurt (Alemania). Y, en los últimos años, he sido profesor de diversos cursos celebrados en España a los que acuden muchísimos colegas de otros países a aprender de nosotros. Eso demuestra que nos vamos profesionalizando.
Esto es, por tanto, un camino de ida y vuelta: usted viaja allí donde puede aprender, y los demás acuden a usted…
Sin ninguna duda. Vienen a nosotros para que les enseñemos lo que somos capaces de hacer aquí. Tenemos tal volumen de trabajo que nos da una gran seguridad para poder innovar.

Buena parte de esa capacidad de ir más allá, de arriesgar, se la debe a los deportistas, ¿no es así?
Los deportistas profesionales tienen una prisa loca por recuperarse; no se pueden permitir una sola secuela, tienen que rendir al cien por cien. Tú, o yo, nos podríamos quedar con una molestia que no repercutiría en nuestra vida, pero la exigencia en la perfección, en la exquisitez del resultado, hacen que el deportista te anime y asuma el riesgo de aplicar esas pequeñas variaciones, esas innovaciones que te vas trayendo de fuera o que tú mismo vas desarrollando con la investigación y con la experiencia.

Son, por tanto, su banco de pruebas…
Efectivamente. Y ahí está la magia de nuestro equipo: hemos sabido adaptar la práctica que desarrollamos con los deportistas a las cirugías del resto de los pacientes. Así, si veíamos que algo de lo que hacíamos con un motorista lograba que se recuperara más rápido, lo trasladábamos a los demás. Porque lo cierto es que, aun cuando en los primeros años los deportistas eran el grueso de nuestro trabajo, progresivamente nos hemos ido decantando por, podríamos decir, el ciudadano de a pie. Y nos hemos superespecializado en prótesis de rodilla y cadera para artrosis.
Pero a usted se le sigue conociendo en la calle como el traumatólogo de deportistas y toreros… ¿Cómo llegó a ese mundo?
Mi pasión por el deporte me llevó a iniciarme en la traumatología deportiva. En aquel entonces, el único sitio para formarse en esta especialidad era en Barcelona, en Dexeus. Me fui introduciendo en la federación catalana de rugby, de baloncesto, de motociclismo… Y esto me fue llevando a tratar con todos estos pacientes…
Que son los que más se rompen…

Claro, trabajamos mucho en moto e hípica, se rompen muchísimo. La temporada de esquí nos trae muchísimo trabajo. Es una locura.
Para que luego digan que el deporte es salud…
[Risas]. Fuera de bromas, realmente esto es algo que tenemos que cambiar en nuestra mentalidad. El deporte es salud, pero no de por sí: hay que saber practicarlo y elegir cuál es el deporte que va bien para tu físico, para tu edad, para tus aptitudes. Nuestros abuelos no hicieron deporte y parece que nosotros lo hemos descubierto con cierta ingenuidad. Pensamos que es sano sudar como locos, poner el corazón a mil…
Buscar el "yo más"…
Sí, el estar por encima de tus posibilidades, el superarte. Es que no hay que superarse, sino encontrar tu punto y trabajar cómodamente.
Pues como todos nos apliquemos el cuento, se quedará sin trabajo…

Sí, ja, ja, ja. Pero bueno, como te decía, la mayor parte de mis pacientes de ahora no son deportistas, eh.
Pues debe de ser un buen cambio ese de pasar de atender lesiones de deportistas de élite a intentar corregir los estragos del tiempo y de la artrosis…
Ha sido una evolución que hemos ido viviendo. Se trata de ir aplicando las mismas técnicas a una enfermedad como la artrosis, y no solo en la cirugía, sino también en el tratamiento y en la prevención. Son facetas muy diferentes, pero igualmente satisfactorias: es volver a dar la vida a un paciente que no es que vaya a perder su carrera profesional, como ocurriría con un deportista o un torero, pero sí la posibilidad de disfrutar del día a día.

Las expectativas de unos y otros serán diferentes…
Distintas, sí, pero ten muy en cuenta una cosa: ya no estamos tratando con aquel paciente anciano que se conformaba con cualquier cosa. La población va envejeciendo, y lo hace esperando mantener una calidad de vida que les permita conservar sus aptitudes. Antes, el abuelito se quedaba en casa y ya está; hoy, ese paciente quiere seguir activo. Nosotros hemos vivido este momento de cambio en paralelo, y ha sido muy gratificante. Nos hemos exigido estar al día y nuestra gran experiencia nos permite tener seguridad en la innovación. Todo esto es para mí tan excitante como en mis orígenes lo fue la traumatología deportiva.

Doctor, ¿somos muy quejicas?
Hay de todo, hay de todo. Pero hay muchos detalles en los que podemos ayudar para, como dices, ser menos quejicas porque no haya motivos para ello. Tenemos una psicóloga, fisioterapeutas muy bien preparados que conocen al paciente desde antes de la intervención, que entran al quirófano para ver las peculiaridades de cada caso a fin de que el postoperatorio sea lo más relajado posible…

¿Qué es lo que más nos falla, lo que más nos rompemos, lo que más nos duele?
Las articulaciones de carga, las rodillas y caderas, que son las que más se desgastan. Ahí nos hemos especializado.
¿Están mal diseñadas? ¿Dios no hizo bien ese día los deberes?
No, no… Es sencillamente porque cargan con nuestro peso durante toda la vida. Yo creo que todo está muy bien diseñado.

Le voy a preguntar algo que sé que le va a incomodar: ¿es usted el traumatólogo de moda?
Es muy importante en medicina no considerarlo así. Preferiría decir que tal vez ahora soy el más mencionado, el más citado. Pero no me gusta nada pensar que estoy de moda.
Pero, sin duda, ahora mismo está en el escaparate…
Es posible que trates en un momento dado a un paciente más mediático y eso te coloque ahí. Aun así, te hago hincapié en que sigo viajando a ver técnicas y a aprender de otros compañeros, tanto extranjeros como españoles. Seguramente hubo un tiempo, cuando la comunicación no era tan rápida, en el que existían los popes de la medicina. Pero no hoy.

Habla de pacientes mediáticos… y no podemos dejar de citar al Rey. ¿Un plus más a su autoexigencia?
La autoexigencia es siempre la misma, pero sí da un pellizquito especial. Lo que ocurre es que se trata de una persona muy inteligente que sabe manejar y apaciguar esa sensación, de manera que inmediatamente relaja la situación. Todo el equipo le adora, y él adora al equipo. Pero no podemos negar que, al tratarse de alguien tan importante en la vida de todos nosotros, sí puede ser algo vertiginoso. Eso sí, al empezar la cirugía lo conviertes en un paciente y ya está.

Porque sus articulaciones son como las nuestras, ¿no?
[Risas] Sí, más o menos…
Y su sangre no es azul…
Esa es una broma que siempre nos hace cuando le sacamos sangre.

Hábleme del futuro, ¿qué nos espera?
Estamos afinando muchísimo en la prevención. De hecho, nuestra principal actividad no es quirúrgica, sino que la desarrollamos en la consulta enseñando a prevenir y retrasar las enfermedades del aparato locomotor asociadas al envejecimiento: dieta, buena selección de la actividad física…
¿Habrá tratamientos revolucionarios?
Creo que en estos momentos todos estamos muy volcados en la medicina molecular y celulaPor ejemplo, ya en 2006 utilicé un trasplante autólogo de células madre adultas para, por primera vez en España, consolidar una fractura compleja de fémuEs muy importante que esto se haya aplicado a la traumatología, porque, durante décadas, a los traumatólogos se nos consideraba los mecánicos. Estamos hablando del antienvejecimiento, de la fuente de la juventud. Tal vez una quimera, tal vez un ocho mil.

Por más que los medios le hayan puesto en el escaparate como traumatólogo de Don Juan Carlos, al doctor Villamor no le gusta que se le etiquete así. Le ha operado, sí, y lo tiene a honra, también, pero recuerda que "fue un gesto de reconocimiento a todo lo que llevábamos hecho con anterioridad. El hecho de que alguien como él venga a ti con tu currículo en la mano diciendo: 'Quiero que seas tú quien me ayude…' es de un vértigo importante".
En ese currículo que menciona hay numerosos premios y reconocimientos, como la Mención de Honor en los II Premios Best in Class, el hecho de que una técnica quirúrgica diseñada por él en el campo de las prótesis de cadera fuera seleccionada como uno de los mejores trabajos presentados a la Academia Americana de Cirugía Ortopédica, o los premios que esta misma Academia ha concedido al equipo de iQtra.
En diciembre de 2017, el doctor Villamor puso en marcha su blog. Desde entonces, ha recibido más de 500.000 visitas y ha respondido a más de 10.000 preguntas de personas de todo el mundo que, gracias a esta plataforma -que funciona de forma altruista y gratuita, y que no cuenta con ningún apoyo publicitario ni financiero- pueden tener acceso a su experiencia y conocimientos. 

15 mayo 2016

Los guantes de Christian Lacroix

«Visten la mano como el traje a la actriz, a la bailarina, a la cantante, subrayando así nuestros hechos y nuestros gestos.» Así ve los guantes Christian Lacroix en su prólogo de Gants (Ed.Ramsay), un libro del fotógrafo Nicolas Descottes. El maestro de Arles rememora con pasión la época en que acompañaba a su madre a elegirlos. 

Pero quien enseñó al mundo entero cómo había que quitárselos fue Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946).En negro azabache y largos, se los desenfundaba poco a poco, al ritmo de la música y con un grado de erotismo que jamás se ha repetido en el cine. Usados desde la Antigüedad para proteger las manos del frío y de los trabajos más rudos, hasta Tutankamon se hizo enterrar con un par cubriendo sus manos. 

Mas son las mujeres sus auténticas devotas. La esposa de Napoleón, la emperatriz Josefina, usaba mil pares al año, por aquello de no repetir nunca, y en el Antiguo Régimen simbolizaban la decisión y el poder real, como ha apuntado la investigadora Annie Sagalow. Entonces, un guante de calidad era de piel española, corte galo y cosido inglés.

El escritor Théophile Gautier pensaba que «una mano cómoda en un guante es una mano aristocrática». Otro dandi contemporáneo suyo, Stéphane Mallarmé, apuntaba en 1874, desde las páginas de su revista «dedicada a la belleza y al lujo» La dernière mode, que tanto guantes como botines habían de mostrarse de lo más cuidados. Por ese tiempo, Hermès creaba sus primeros modelos de equitación; hubo que esperar hasta 1927 para descubrir sus líneas de ciudad y sport. Tanto gustaban estas piezas, que hasta Colette, la célebre escritora francesa, dedicó un texto en 1942 a algunos de los modelos de la firma de lujo. Como fuente de inspiración, la prenda ha cautivado a otros artistas, entre ellos el pintor Joan Miró, que en los años 20 del siglo pasado alumbraba Le gant blanc.

Desde hace un siglo, Francia tiene reputación mundial en la fabricación de los mejores ejemplares. Las localidades de Millau y Saint-Junien, al sureste, son las capitales de una profesión en la que el sexo determina la labor: los hombres tratan y cortan las pieles, mientras que las mujeres se encargan de su confección, a un ritmo de no más de cinco juegos al día. Así, desde los orígenes. A principios de los años 70, sólo en Millau se fabricaron alrededor de cinco millones de pares. En la actualidad, las cifras son notablemente inferiores, en gran medida por la irrupción en el mercado de productos importados de países donde la mano de obra es barata.Sin embargo, las casas de calidad han conseguido revivir gracias a que las firmas de moda se han decidido a sacar los guantes a las pasarelas.

Causse, fundada en 1892, es una empresa de origen familiar que resiste contra viento y marea. «Desde hace unos años, asistimos a una renovación constante de los accesorios. Primero fueron los zapatos, luego los bolsos y ahora les ha tocado el turno a los guantes. La maison Causse también fabrica los diseños de grandes como Louis Vuitton, Chanel o Loewe, unos 25.000 pares al año. Hace unos meses, abrieron su primera tienda en París, ubicada entre la lujosa Place Vendôme y el jardín de las Tullerías. Kylie Minogue arrasó el establecimiento en su última visita a la capital, como multitud de otros rostros famosos y clientes anónimos, sobre todo turistas asiáticos. «Los que más gustan son los modelos abiertos», cuentan.

Karl Lagerfeld opina que, «en un mundo cada vez más contaminado, el guante debería convertirse en un must», y predica con el ejemplo usando centenares de ellos. El káiser ha diseñado para Causse un modelo declinado en infinidad de colores y materiales que ya ha impuesto su ley. Es corto y se inspira en cierta medida en los que vieron la luz con el nacimiento de los automóviles deportivos.

Este 2007 se cumplen siete décadas de la creación de otra conocida casa, Agnelle, más democrática que la anterior. En los años 50, de sus fábricas salían 12.000 pares al mes, que en su mayoría iban a parar al mercado estadounidense. Para obtener uno de esos juegos, se precisa realizar cien operaciones manuales, lo que equivale a cinco horas de labor.

Como Lagerfeld, muchos creadores de moda han fijado su atención en este complemento, lanzando propuestas de lo más diversas, desde los negros con uñas de metal dorado de Elsa Schiaparelli (1936) hasta los inmaculados blancos de Courrèges (años 60) o el modelo mini en amarillo y de aire futurista de Thierry Mugler (1983), por citar sólo tres ejemplos. Yves Saint Laurent, pionero en presentarlos en color plateado en los años 80, confesaba: «Desde que han perdido su carácter obligatorio, se han convertido en accesorios con encanto indispensables. Como las joyas, suscitan auténticas pasiones».

Hablando de arrebatos, hay quienes los guardan como reliquias de coleccionista. La escritora de moda Lola Gavarrón posee una amplísima colección. «En invierno, me permiten el bonito gesto de quitármelos cuando tengo que dar la mano. Los veo como una media preciosa que cubre la mano o como el estuche de una joya.» Entre sus preferidos, se encuentran los de Isabel Cánovas. «Los guardé sabiendo el valor que adquirirían con el tiempo.»

Antes existía un complejo ritual alrededor de este accesorio.Un calendario de guantes regía las formas y colores que vestir ante cualquier circunstancia de la vida y los manuales específicos señalaban cómo y cuándo había que ponérselos o retirarlos, en una práctica muy relacionada con la conciencia del pudor y la moral de cada época. Así, un hombre había de despojarse siempre del guante a la hora de saludar; la mujer, por el contrario, lo tenía vedado. «Hoy se llevan como joyas, para diferenciarse, para aportar un toque final al look... 

La protección, por tanto, se convierte en algo secundario», apunta Manuel Rubio. De los muy largos a los más cortos, es un secreto a voces que la estética gana sobre el lado utilitario desde hace varias temporadas. Vuelve el chic atemporal, muy francés, y este accesorio resulta uno de sus símbolos por excelencia. 

Los nombres más consagrados del prêt-à-porter acostumbran a plasmar en este complemento el espíritu de sus colecciones o los iconos de la marca. Chanel realiza algunos en piel acolchada, Loewe apuesta por los largos en piel de serpiente y los Gwendoline de Fabre incorporan un simpático monedero. No existe una tendencia única. Quizá por esa razón se han convertido en nuestra segunda piel.

Cada cierto tiempo, los diseñadores insisten en que nos volvamos a poner guantes. Insisten, porque saben que es un accesorio nunca olvidado por las mujeres y necesario en el crudo invierno. 

Pero hay algo en el tema de los guantes que no acaba de cuajar. Nunca volverán, me parece, a formar parte esencial del atuendo femenino, por la sencilla razón de que están asociados a una elegancia pulcrísima y recatada, muy femenina y decimonónica. Los perfumados, en pieles delicadas y raras, y en una paleta de color extensa, con perlitas ciñéndolos a la muñeca, rematados en visón; bordados y decorados, ¿con qué nos los ponemos? ¿Con vaqueros y un jersey oversize? Antes, no hace mucho, estaban siempre al alcance de la mano, junto con el paraguas de puño de cabeza de cisne o la sombrilla, el gorrito de velo y una limosnera, en aquel mueble extinto donde se dejaban todas esas cosas y que te reflejaba en su espejo como una perfecta dama. El guante trae consigo gestos y ocupaciones que ya nada tienen que ver con la vida actual.

Su belleza formaba parte de una estampa que ya no se ve por las calles. Quitarse los guantes era un signo de intimidad, hasta el punto de que muchos de ellos se arremangaban sólo sobre la mano, sin deslizarse del todo fuera. Eran una segunda piel, algo con lo que recordar a un amante una caricia, con lo que ofender para propiciar un duelo. Al guante le seguía una mano nunca ofendida por el sol, manicurada discretamente, con polisoir y no con esmalte de uñas, y unas joyas que nada tienen que ver con las de hoy.

Los guantes de los años 60, combinados con la manga balenciaga, dejaban ver un poco de antebrazo, y esa fue su efímera fortuna.Probárselos apoyando el codo en una almohadilla de terciopelo redondo, que te sacaban en el mostrador de madera encerada, y acercarlo al óvalo de la cara para comprobar que hacía juego con la barra de labios es algo que todavía yo he visto hacer a mi madre con infantil admiración. Hoy, el guante se ha convertido en algo muy funcional, desprovisto de misterio y, sobre todo, de privacidad. 

Firmados por estrellas de la moda, pueden encontrarse por cientos; y son algunos muy bonitos, pero no es lo mismo, han perdido su aspecto literario, la historia que un par de guantes arrastraba al salir de casa. Ya no guardan otro secreto que su elevado precio, y algún fetichismo nunca comprobado.

08 mayo 2016

Sujetadores para realzar el busto

Este fin de año nos lo queremos jugar todo a un color: al rojo. Y hemos dicho todo, desde los zapatos hasta el carmín, porque si es verdad que este color trae suerte, no repartirá la misma a la que se haya puesto una discreta prenda íntima que a la que salga a festejar cual farolillo.

Se dice que cuando alguien se viste de este color está indicando que necesita poner pasión en su vida y qué mejor que empezar por la primera noche del año. Encontrar trajes rojos en estas fechas será fácil por tratarse de un color fetiche entre los diseñadores.

Valentino, uno de sus incondicionales, propone vaporosos vestidos en gasa de seda plisada o raso, con escotes más bien rectos, pronunciados a ras del pecho tipo palabra de honor o discretos en forma de barco. Tom Ford, contempla el bermellón en todas sus tonalidades, tanto en la colección que diseña para Gucci como en la que diseña para Yves Saint Laurent. 

Los de la primera, confeccionados en tejidos de aspecto satinado como el satén, son largos, con complejas cintas en el pecho que asemejan ataduras, o ceñidos con atrevidos corsés. Los de YSL tejidos en delicada gasa de acabado mate y algo transparentes, son cortos, con volantes y extremadamente descarados, dejando entrever o incluso al descubierto, parte de la ropa interior.

Otras firmas que se decantan por la elegancia del rojo para eclipsar la luna son Gianfranco Ferré, Christian Dior o Alberta Ferretti.

Si su conciencia no le permite fundir la visa en las tiendas más lujosas de la capital, no desespere, porque este color seduce a cualquier diseñador de moda, se llame John Galliano, Tom Ford o Pepita Jiménez, por lo que será igual de fácil encontrarlo en las colecciones Evening de firmas como Mango, Zara, El Corte Inglés o Cortefiel.

Pero el traje no es lo único que hay que teñir de rojo si una quiere sentirse Kelly le Brook por un día. Si hay una prenda obligada por la tradición, esa es la ropa interior. En estas fechas la osadía se apodera de sostenes, biquinis y tangas. Prestigiosas casas como La Perla, Triumph Internacional, Woman'Secret o Etam, lanzan colecciones exclusivas de Navidad para que la procesión vaya tanto por dentro como por fuera. Los tangas de Nochevieja, en el caso de La Perla, se han convertido en fetiche navideño y ya hay muchas mujeres que los coleccionan.

El de 2016 venía en un saquito rojo y en su parte trasera llevaba un montón de pequeños lazos de tul; el de 2004 viene en un pequeño estuche del mismo color y es de tul reversible rojo y negro, su precio es de 41 E. La sorpresa de Triumph de este año son los diseños Santa Claus, conjuntos de lencería y ropa de cama en algodón rojo y ribeteados en blanco para que la magia de la Navidad nos acompañe también en sueños.

Women'Secret se deja llevar por la ironía en su limitada colección de tangas, con mensajes tan sutiles como inesperados: Private affairs Vol. 1, Happy 2004, Sorry, what's your name?... Aptos para casi todos los públicos. Su precio es de 4,9 E y se venden en paquetes de tres.

Sfera, Dim, Sloggi, Playtex, Wonderbra... son otras de las firmas que apuestan en estas fechas por el color de la pasión. Las posibilidades son infinitas. Las más deportivas pueden inclinarse por los diseños de algodón con puntilla que propone Zara, muy similares a los que sacó Calvin Klein hace un par de temporadas, sólo que mucho más baratos, a una media de 6 euros por prenda. 

Además está en un montón de versiones, short, coulotte, braga, biquini, tanga, sujetador, camiseta... Para las seductoras resultan muy atractivos los diseños geometric de Wonderbra con tul y terciopelo o los bordados con pailletes o microlentejuelas. Chantelle y Valisere también apuestan por los diseños sensuales y ultrafemeninos confeccionando delicados conjuntos de lencería con los tejidos más exquisitos, como el tul, el plumeti, el guipure, el encaje o el satén.

Las más ingenuas pueden probar con los modelos de Etam, Sloggi o Intimissimi de tul bordado o microfibra y sujetador armado. La oferta no puede ser más amplia, de modo que lo mejor es no perder más el tiempo y salir a buscar la opción que más le vaya a cada una para recibir el nuevo año con la suerte del bermellón por montera.

01 mayo 2016

Vuelven las tallas grandes

Hay más de tres millones de españoles con sobrepeso. Y un 60% de la población viste tallas superiores a la 44. 

La abultada cifra de negocio que generan las tallas grandes -más de 2.500 millones de euros anuales- ha animado a marcas como Adolfo Domínguez a sacar líneas dedicadas a ellas. Espectacular, la cantante Rosa posa vestida por Zara, Mango y el diseñador gallego.

Hace 10 años, e incluso sólo cinco, era casi imposible que una mujer con talla superior a la 44 encontrara en España ropa firmada por diseñadores. A juzgar por la ropa de cualquier tienda de cualquier ciudad, parecía como si en la calle sólo existieran mujeres con una 38 y hombres sin un gramo de grasa en el abdomen. Pero la realidad es bien distinta: el 60% de la población adulta utiliza una talla superior a la 44. Y hay tres millones de obesos, según datos de la última Encuesta Nacional de Salud, relativa a 2003. De esta cantidad, un 44% son hombres y el 28 % mujeres.

La rotunda realidad ha hecho ver a las empresas la suculenta cifra de negocio, que desde 2000 supera los 2.500 millones de euros anuales. La mayor concienciación social hacia cánones estéticos variopintos o la demanda de quienes no encontraban los diseños deseados, también han contribuido a que ahora encontrar ropa de tendencia en tallas especiales no sea misión imposible. "En España hay 400 fabricantes y unas i.800 tiendas que venden ropa de talla superior a la 44. Hace menos de i0 años, esto era impensable", asegura Yolanda Real desde la Asociación de Fabricantes de Tallas Grandes.

Elena Miró, Marina Rinaldi, Liz Claiborne, Evans, Persona (grupo Max Mara), Talla&Moda (El Corte Inglés), Superlínea, Dona Fern, C&A, Viva la Pepa o Momo son algunas de ellas. También en las colecciones de diseñadores como Giamfranco Ferré, Pedro del Hierro o Miró y en grandes cadenas como Zara, Massimo Dutti o Springfield es cada vez más fácil encontrar prendas con tallas suficientes. 

La última en unirse al carro de un negocio que seguirá creciendo ha sido Adolfo Domínguez, con una colección para mujer de la talla 44 a la 54. "Desde hace algún tiempo, estas prendas se pueden comprar en algunos establecimientos de la firma. Y en enero abriremos en Barcelona una tienda exclusiva de tallas grandes", señala Matías Rodríguez, relaciones públicas de la marca.

Las tallas especiales empiezan en la 44, en el caso de las mujeres, y desde la 52, si se trata de hombres. Sin embargo, no todos los consumidores están conformes con la clasificación. "Es ofensivo. ¿Cómo que tallas especiales...? No somos bichos raros", dice Ana Silva, una secretaria de 60 años que sufre desde joven el calvario de no encontrar ropa bonita a su medida. "Parece que la gente grande no tiene derecho a ir a la moda".

Si los fabricantes siguen por el camino emprendido, salir de compras ya no será nunca más un calvario para muchas mujeres. En España, aunque existe menos tradición de tallas grandes que en otros países, los diseños de estas prendas son cada vez más cuidados. "El éxito de nuestra marca está en el patronaje", asegura Javier Martínez, responsable de comunicación de Kanak, firma especializada en tallas grandes. "No se trata de aumentar proporcionalmente en centímetros, sino de diseñar un patrón que se adecúe al tamaño de la consumidora. 

Y los diseñadores se ayudan, por ejemplo, de tejidos elásticos", concluye. "Hay que acabar con lo que algunos llaman ropa de gordas", afirma Inés Fernández, creadora del certamen Reina Gran Talla. "Es necesario que los patronistas no sólo vean esta confección como negocio, sino como algo creativo", afirma.

La discriminación por talla o peso no está del todo erradicada y se agudiza en el caso de las mujeres. "Durante años, nos hemos tenido que vestir como nuestras abuelas, con ropa oscura y de hechura de saco. Yo envidio a las chicas gorditas de ahora, que tienen muchas posibilidades", afirma Ana Silva.

"Muchos fabricantes que hasta ahora cerraban sus tallas en la 42, hacen más tallas con diseño, color y modernidad", dice Inés Fernández, organizadora del concurso de belleza que desde hace más de i0 años lucha por la normalización de las tallas. "Es un evento que anima a las mujeres a reivindicar su derecho a sentirse guapas al margen de la talla que vistan".

Inés se queja, no obstante, de que la ropa grande es mostrada en la pasarela por modelos convencionales de cuerpos imposibles. "Este concepto debería cambiar, porque cada vez hay más adolescentes sin criterio formado que quieren conseguir un cuerpo que se aleja de la realidad. Y, para ello, se provocan enfermedades muy graves". Para que la moda de gran talla se exhibiera por las mujeres a las que va destinada, era necesaria una agencia de modelos como Damos la Talla. Yolanda Real, presidente de la Asociación de Fabricantes de Tallas Grandes, que aglutina a 50 de estas empresas, es la directora de esta agencia: "En las pasarelas nunca se mostraban las tendencias de moda para tallas grandes".

En 1998, una mayorista barcelonesa de ropa convencional (tallas 36-42) hizo un estudio y se dio cuenta de que apenas existían fabricantes de tallas grandes juveniles. "Un 26% de las españolas con talla superior a la 44 tiene entre 18 y 35 años", señala Javier Martínez, de Kanak. Sin dudarlo, la empresa cambió de tercio: "Nuestros diseñadores se reciclaron y, desde entonces, nos dedicamos a llevar a la calle las tendencias, sólo para tallas entre la 46 y la 60". Kanak distribuye sus prendas en España, Portugal, Italia, Francia o Bélgica y ahora ha lanzado una colección masculina hasta la talla 70.

Raquel Sanz visitó una tienda Kanak en un viaje a Barcelona, y no sólo descubrió ropa atractiva de su talla, la 44, sino que acabó participando en un calendario en el que 12 clientas de Kanak posan desnudas en apoyo a ADANER (Asociación de afectados y familiares de enfermos de anorexia nerviosa y bulimia). "Ha sido una experiencia estupenda", comenta esta quiromasajista que tiene un spa en Monzón, Huesca. La idea del calendario ha tenido gran repercusión. "La belleza no es exclusiva de la talla 36", dice Javier Martínez. "Hay que concienciar a las jóvenes de los peligros que conlleva desear una 36".

24 abril 2016

Los dulces de los conventos

Las cifras más optimistas se quedaron cortas. La tercera edición del mercado de repostería 'Los dulces del Convento' que desde 2004 celebra el Museo Diocesano de Arte Sacro de Bilbao cerró ayer sus puertas con una cifra récord de alrededor de 12.000 visitantes, un 20% más que el año anterior, y la venta de casi 5.500 kilos de pastas y al menos 1.700 botes de mermelada, entre otros productos.

Los organizadores de la muestra reconocieron ayer estar sorprendidos por la buena acogida que este año ha tenido el evento. «No esperábamos superar los 10.000 visitantes del año pasado, pero lo de este año ha sido increíble», reconocía Raquel, una de las organizadoras.A lo largo de tres días, los cientos de kilos de productos elaborados por los algo más de una treintena de conventos de clausura presentes, se han vendido con una gran facilidad. «No ha quedado prácticamente nada».

Chocolate, tartas, vinos, licores, confituras e incluso música gregoriana, han tenido una buena acogida entre los miles de visitantes que desde primera hora de la mañana esperaban para poder adquirir algunos de los productos elaborados en los conventos. «Esta mañana teníamos a cerca de 100 personas esperando a la puerta antes de que abriéramos», reconocía ayer uno de los responsables de la muestra.

Este año además de siete conventos de Euskadi, la convocatoria ha contado con productos de conventos de Andalucía, Cantabria, Navarra, Castilla León e incluso con un convento benedictino de Roriz, en Portugal, y productos de cosmética de los Benedictinos de Chantelle, en Francia.