Jaqueline Bisset en Tenerife

Patricia Rodríguez, una joven canaria de 17 años, fue la única entre las diez finalistas que consiguió arrancar durante su desfile una sonrisa permanente en el delicado rostro de la expectante miembro del jurado Jacqueline Bisset.

Aún más. Mientras Patricia movía sus caderas a un ritmo escalofriante, la actriz balanceaba su pie al son de la música. Todo un reto para la que fue nombrada media hora después reina del Carnaval 92 de Santa Cruz de Tenerife, un premio a su forma de bailar y de lucir el más espectacular de los vestidos de la noche. ¿Miss Bisset está cansada? ¿Miss Bisset quiere irse al hotel? ¿A Miss Bisset le gusta la cena? ¿Quiere que venga su novio, Miss Bisset? Los miembros de la comisión de fiestas del Ayuntamiento se vuelcan por complacer a la estrella del jurado, que pasea sus 48 años con un palmito envidiable. Deben ser las numerosas ensaladas que toma al día y, eso sí, las comidas siempre sin sal, lo que le permite conservarse bella como nunca. O quizás sea su relación con Vicent Pérez, un joven actor francés veinte años menor que ella; lo que la rejuvenece.

Dicen que Jacqueline llegó a Tenerife con la «cara larga» y un tanto desconcertada. La concejala de Cultura y Fiestas, Isabel Oñate, nos contaba que el día que llegó la actriz uno de sus guardaespaldas preguntó: «¿Hay africanos por aquí?». Hasta entonces aquel grupo de norteamericanos sólo sabía que llegaba a unas pequeñas islas frente a las costas africanas. Hoy no dejan de bailar salsa caribeña y de disfrutar con los siempre alegres y encomiables canarios. Bisset, en un cambio radical de humor y actitud, exigió el jueves por la noche que se consiguiese un vuelo de avión para que su novio se desplazara desde París hasta Santa Cruz y viviese con ella los que se han convertido en los días más coloridos de su vida. En la noche de la elección de la reina del Carnaval 92, Fernando Rey escoltaba a Miss Bisset en la mesa del jurado. Nuestro gran actor, más Quijote que nunca, sufrió sin embargo las inclemencias de una noche que se presentó menos calurosa de lo habitual en esta tierra.

Un grueso abrigo y una cálida bufanda no fueron suficientes para que el actor olvidase el frío. Junto a ellos, otros miembros de un jurado «de cine» fueron Mari Carrillo, tan vivaracha y parlanchina como siempre; Antonio Ozores, dispuesto a ofrecer unas lugareñas «papas arrugás bien salaítas» a la Bisset; Miriam Reyes, una Miss Tenerife muy Kim Bassinger; Guillermo Pérez Villalta, pintor tarifeño que aclaraba que «esto no se puede comparar con los carnavales de Cádiz, sólo se parecen en el nombre»; el escritor Alberto Vázquez Figueroa, más chicharrero que ningún otro miembro del jurado, y el pequeño gran actor Jorge Sanz, que tiene a toda la adolescencia canaria femenina reunida día y noche a las puertas del hotel.

Dicen que el joven galán es el más marchoso de los invitados. En su primera noche se bañó de madrugada en la playa de Las Teresitas. A las seis de la mañana, César Toledo, jefe de prensa del Ayuntamiento, tuvo que abandonarlo en la estacada: «Jorge, sigue tú, yo no puedo más, cuando te canses sabes que llegas al hotel siguiendo toda la rambla hacia abajo». «No sé cómo vamos a caber esta noche en la Plaza de España. Somos 200.000 tinerfeños y se calcula que en estos días nos convertimos en 350.000. ¿Se hundirá la isla?», se preguntaba María del Mar, una guapa canaria orgullosa como todos sus paisanos de las fiestas más multitudinarias de toda España.

¿Y qué tal se celebran en Las Palmas? «Uy, eso es sólo "carnavá". No pasan de ahí, no llegan a Carnaval». La rivalidad existente entre las dos capitales canarias se extiende también a la fiesta. Pero no son días de competitividad. Sólo de luz, color, espectacularidad, fastuosidad, salsa, marcha, juerga, calle, pueblo, ritmo, samba... Por ello, el Ayuntamiento de Santa Cruz ha gastado 500 millones de pesetas en los Carnavales del 92, de los que 100 han ido a parar al escenario colosal instalado en la Plaza de España. Este año su decoración es absolutamente cinematográfica. La gala de elección de la reina estuvo precedida por un espectáculo de música y baile que ilustró la historia del cine, desde los años 20 hasta los 90. La dirección y la realización artística estuvieron a cargo de Jaime Azpilicueta.

El ayuntamiento canario, siempre emprendedor y atrevido, pretende que el próximo año sea Steven Spielberg quien se encargue del montaje. La intención en estos casos es lo que cuenta. Todo está ya listo en Santa Cruz de Tenerife para que esta noche, la del sábado, sea la noche del año, la más inolvidable del Carnaval. Miles de personas bailarán sin parar, como ya lo hicieron anoche, en la Plaza de España, quizá bajo la lluvia, y mirarán sorprendidos a aquél que ose acercarse sin disfraz. Una invitación a perder el pudor y liberarse de los impedimentos que nos acechan durante el resto del año.

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